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Jueves, 18 de Marzo de 2010
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Vivir

04/05/2009

Óscar Esquivias • Escritor

«Lo fantástico se cuela en mi obra porque estoy rodeado de cosas que no entiendo»

Comienza a suponer un esfuerzo citar la bibliografía de este escritor, tal es su canibalismo literario. Quizás baste con decir que es uno de los autores más importantes de una generación espléndida de escritores

Óscar Esquivias, escritor.

Ángel Ayala
R. Pérez Barredo / Burgos

Óscar Esquivias genera noticias casi continuamente; ayer le traducen una obra al italiano, hoy es incluido en una antología con los mejores autores de cuentos fantásticos del país, mañana publica una obra de teatro... El escritor burgalés vive consagrado a la literatura. Su exitosa ‘trilogía dantesca’ no ha modificado un ápice ni su modo de vida, ni su forma de trabajo: sigue siendo tan humilde y austero como siempre, y continúa dedicándose en cuerpo y alma a lo que hace como nadie: fabular y escribir. Los reconocimientos se suceden: al Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2008 (La marca de Creta), le ha seguido ahora la inclusión de uno de éstos (Biológicas: una lectura providencial) en Perturbaciones, una antología del relato fantástico español actual.

Acaban de traducir Inquietud en el Paraíso al italiano. ¿Es el primer paso para la conquista de Europa?
Ojalá, desde luego la traducción al italiano significa abrir una brecha importante. Yo espero que pronto llegue el francés, el inglés, el alemán, el portugués...

Una curiosidad: ¿lo ha leído ya en la lengua de Dante? ¿cómo le suena?
Me suena maravillosamente y, a la vez, me hace mucha gracia oír hablar en italiano al general Dávila, a Antonio José o a Perfecto Ruiz Dorronsoro. Ese Burgos italianizado, con su ‘Salone Rosso’ en el ‘Teatro Principale’ es muy chispeante, me encanta.

¡Qué pena que se haya retrasado el rodaje de Inquietud...!
Sí, es una pena. Hay que tener en cuenta que rodar una película es muy caro y que depende de la conjunción de muchas voluntades. Ahora mismo el proyecto se ha paralizado y estamos a la espera de que las dificultades económicas se resuelvan. A mí me consta que Antonio Giménez-Rico ha volcado en Inquietud... todo su entusiasmo y su capacidad de trabajo (que son inmensos). Yo espero que finalmente todo se resuelva.

¿Qué espera de la película?
Que sea una obra de arte perdurable y que emocione a los espectadores.

¿Se la ha imaginado?
Sí, según leía el guión de Antonio Giménez-Rico yo iba rodando mentalmente la película en mi cabeza. Vamos, que si me deja una cámara, podría sustituirle sin ningún problema.

¿Siente curiosidad por algo en concreto, una escena, un diálogo?
Me atrae ver a Antonio José en pantalla, sobre todo en la escena que comparte con el seminarista Rodrigo Gorostiza.

¿Ha pensado lo que puede suponer para su obra la película?
Un impulso muy grande, sin duda.

¿Le da cierto vértigo o se lo toma como un reto más?
Lo vivo con naturalidad, muy ilusionado y vinculado con el proyecto pero, a la vez, consciente de que una película es algo muy distinto a una novela. Si finalmente todo sale como está previsto, en el futuro habrá dos Inquietudes en el Paraíso: la mía y la de Antonio Giménez-Rico, como ahora hay dos Gatopardos, y pido perdón por este ataque de vanidad al compararme con Lampedusa.

Acaba de ser incluido en Perturbaciones (Editorial Salto de Página), una antología del relato fantástico actual. ¿Qué siente al estar entre los mejores?
Estoy muy contento de que me hayan incluido en ella. El elemento fantástico ha sido algo que siempre me ha interesado (especialmente en La ciudad del Gran Rey) y siempre he tenido mucho amor por autores como Verne, Poe o -por citar algún español- Andrés Ibáñez (La sombra del pájaro lira), Fernando Aramburu (Los ojos vacíos) o Alejandro Cuevas (La peste bucólica), aunque ninguno de ellos figura en la antología, supongo que porque han escrito fundamentalmente novelas y este libro está dedicado a los cuentos.

Sí está, por ejemplo, José María Merino, uno de los escritores de cuentos más importantes y reconocidos.
Efectivamente, José María Merino, pero también Cristina Fernández Cubas o Carlos Castán, entre otros, que son verdaderos maestros del cuento y a los que yo admiro muchísimo. Me siento muy honrado.

La literatura fantástica es un género que va a más. ¿Por qué?
Lo fantástico o lo misterioso está presente en la literatura desde sus primeros textos, en los que los dioses o los espíritus ya se mezclaban con los hombres. Después, la preponderancia de lo realista o lo fantástico ha ido por épocas, aunque ambas corrientes siempre han convivido: Poe y Stendhal, por ejemplo, fueron contemporáneos. La literatura actual se caracteriza por su libertad, la ausencia de reglas estrictas y la mezcla de géneros. Aceptamos con naturalidad que un autor como Fernando Aramburu (por citar a uno de mis preferidos) pueda escribir un libro tan realista como Los peces de la amargura (que trata sobre las consecuencias del terrorismo en el País Vasco) y una novela de corte fantástico como Los ojos vacíos.

Dice el autor de la selección que es un género que despierta cada vez mayor interés entre los lectores «tal vez porque el mundo que habitamos es hoy más escurridizo a las representaciones del realismo convencional que al rastreo de esas perturbaciones de nuestro universo cotidiano». ¿Está de acuerdo? ¿Qué es lo que le ofrece este género?
Cuando escribo no pienso en los géneros literarios. Nunca me digo: «aquí voy a ser fantástico, aquí policiaco y más allá humorístico». No. Lo que hago es desarrollar las ideas que tengo en la cabeza con la mayor expresividad, belleza y eficacia de las que soy capaz. Me parece natural que lo fantástico se cuele en mis relatos porque estoy rodeado de cosas que no entiendo, empezando por el funcionamiento de mi lavadora y de ahí para arriba.

La realidad como alimento del que nutrirse siempre, aunque esa digestión acabe produciendo reacciones fantásticas...
Es que dentro del campo de la realidad también está el de nuestras percepciones, sueños, sentimientos y pesadillas. Todo viene a ser lo mismo.

Ahora está centrado en el teatro, otro género que le ha seducido siempre. ¿Le ha costado cambiar de registro?
La verdad es que no. Muchas de las escenas de mis novelas están planteadas como verdaderas situaciones teatrales y siempre he concedido mucha importancia al diálogo. Por supuesto, para escribir una obra de teatro no basta con que los personajes hablen sin parar: la escritura de una pieza dramática tiene unas exigencias distintas a las de un texto novelero, pero esa diferencia me resulta algo muy estimulante.

El teatro está viviendo una absoluta primavera, imponiéndose incluso al cine... ¿Por qué cree que sucede esto?
Por una parte quizá se deba a que la mayoría de las películas actuales son bastante malas (hablo del cine comercial, que es el que acapara las carteleras): se trata de mínimas variaciones de estereotipos narrativos muy simplones cuyo único interés reside en el uso de efectos especiales. El teatro suele ofrecer una visión más rica y profunda del mundo y, además, tiene el enorme atractivo de ser un acto artístico irrepetible: no hay dos funciones iguales. La comunicación que se establece entre los actores y el público tiene, o puede tener, una intensidad de alto voltaje, realmente mágica.
Hábleme de Tormentas y naufragios.

Se trata de la obra de teatro que estoy escribiendo ahora. Pese a su título tan tremebundo, se trata de una comedia sobre un grupo de escritores de literatura infantil y juvenil.

No es la primera vez que la metaliteratura es una temática en su obra.
Ni será la última, los escritores son personajes muy divertidos.

Se formó como escritor en Burgos, escribió en Burgos, Burgos aparece en mayor o menor medida en toda su obra. Lleva años en Madrid y, sin embargo, nada de esta relación ha cambiado entre ustedes. ¿Le resulta un lugar inspirador?
Sí, por supuesto. Yo no tengo la sensación de estar fuera de mi ciudad, en cierto modo considero Madrid una especie de barrio periférico de Burgos.

¿Ha cambiado su percepción de la ciudad en estos años?
Desde un punto de vista meramente físico, creo que se han descuidado mucho los parques de Burgos y que la ciudad se ha enladrillado en exceso por la construcción alocada de edificios (que además suelen ser feos). Tampoco me gusta nada la adulteración de los puentes, la destrucción de las galerías de madera del casco histórico ni el emplazamiento de la mayoría de las nuevas esculturas. Espero no estar convirtiéndome en un cascarrabias, pero creo que Burgos está perdiendo ese aire de amable y discreta elegancia que tenía.

En este sentido, ha roto con el tópico. Es cierto que vive en Madrid, pero este hecho no obedece a ninguna estrategia literaria, ya que en el fondo es como si no se hubiera ido. Ha demostrado que si se hace buena literatura no hay barrera infranqueable, no hay frontera que valga.
Bueno, no he sido yo, es el mundo el que ha cambiado mucho. Antes quizá era necesario trasladarse a las grandes capitales para «hacer carrera» y establecer contactos. Hoy ya nada de eso es necesario para un escritor: un novelista está conectado con el mundo gracias al ordenador y da igual si reside en Nueva York o en Villamorón.

Sus lecturas infantiles han sido las que esta misma semana te han traído de nuevo a Burgos. Siempre ha destacado la importancia de la lectura en tu infancia y juventud, y no deja de incidir en ello siempre que puede, alentando a los niños a leer...
Sí, claro. La lectura es una de las actividades más apasionantes y enriquecedoras y, por desgracia, en nuestra sociedad se descuida. Me he encontrado con adolescentes de quienes podía dudarse que estuvieran alfabetizados por su dificultad para expresarse por escrito o leer en voz alta.

¡Qué terrible! ¿A qué puede deberse tal aberración?
Supongo que a mil razones, pero entre otras al increíble desprestigio de la cultura y la educación de nuestra sociedad. Los modelos de éxito de nuestros adolescentes suelen ser personajes lamentables.

Además del teatro ¿se trae algo más entre manos?
Siempre tengo mil ideas para otros tantos proyectos, pero hasta que no ponga el punto final a Tormentas y naufragios no quiero pensar en nada ajeno al teatro, aunque últimamente oigo muchas trompetas berliozianas en mi cabeza y quizá escriba por fin la novela sobre Hector Berlioz que tengo pendiente.    

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