Elena Lacasa y Pilar Fernández llevan meses restaurando el asta de un ciervo hallado en el yacimiento de la Sima del Elefante.
Cada fósil de homínido o animal o pieza de industria lítica que sale de una excavación es un documento único cuyo estudio aporta información relevante sobre la evolución humana. La conservación de estos frágiles materiales en las mejores condiciones es fundamental para su posterior estudio por parte de los científicos.
El Área de Restauración y Conservación del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) se encarga de preparar las colecciones de restos que se extraen de los yacimientos de Atapuerca para preservarlas en el tiempo.
El trabajo de Pilar Fernández y Elena Lacasa, las restauradoras del CENIEH, comienza ya en la propia excavación. Generalmente, los arqueólogos requieren su presencia para que supervisen la extracción de los materiales porque son muy frágiles. No hay que olvidar que llevan cientos o miles de años enterrados y sacarlos a la superficie no es una tarea fácil. Aunque cada pieza requiere un sistema de excavación diferente en función de sus características, lo primero que se hace es retirar el sedimento que la recubre y luego se lleva al laboratorio para hacer los correspondientes análisis.
Sin embargo, algunos fósiles necesitan ser restaurados para su consolidación porque son muy frágiles y pueden romperse. Solo en muy contadas ocasiones se hacen reintegraciones de pequeños trozos y siempre con materiales reversibles. «No necesitamos que la pieza esté bonita porque no es para exposición, sino para estudio. Lo habitual es que aparezcan concrecionadas en sedimento endurecido y nuestra labor es retirarlo sin dañar la superficie del fósil. Intentamos intervenir en la pieza lo mínimo posible para que las analíticas que puedan hacer posteriormente los investigadores no se alteren», explicó Elena Lacasa.
A cada fósil o herramienta lítica que entra el Área de Conservación y Restauración del CENIEH se le hace una completa ficha que recoge el lugar en el que ha sido encontrado, su estado de conservación, cualquier tratamiento que se le haya realizado y varias fotografías. Luego, todo ello se vuelca en una base de datos. «El CENIEH tiene su propia base de datos que está conectada con la de Atapuerca. De manera que todos los procesos por los que pasa una pieza desde que sale de la excavación quedan reflejadas en la base de datos. Cuando se termina el tratamiento se hace una foto final», precisó Pilar Fernández.
Todos los restos que salen de una excavación son importantes, aunque lógicamente los de homínidos tienen una relevancia mayor porque son más difíciles de encontrar. «Atapuerca es un ejemplo único en el mundo. No es normal lo que pasa en estos yacimientos al tener restos de homínidos, animales o herramientas de diferentes momentos, pero cada pieza es un documento único no solo para los investigadores de ahora sino también para los del futuro. Además, su buena conservación permite su estudio con nuevas técnicas que puedan surgir dentro de unos años», añadió Lacasa.
Una vez que las piezas están restauradas se tienen que guardar en las mejores condiciones posibles para su consulta. Se colocan en un contenedor de plástico inerte para que no tengan ningún tipo de reacción o alteración con el tiempo y dentro de él se hace una ‘cama’ de espuma de polietileno sobre la que se coloca el fósil. Luego se llevan a la sala de colecciones, que tiene las adecuadas condiciones de humedad, temperatura e iluminación.
El nuevo laboratorio
El CENIEH abandonará próximamente las instalaciones que ocupa en la avenida de la Paz para trasladarse al edificio del complejo de la evolución humana. En el nuevo emplazamiento el Área de Conservación y Restauración dispondrá de 160 metros cuadrados y el equipo pasará de dos a seis personas en unos años.
Las nuevas dependencias se han diseñado por áreas de trabajo, aunque serán muy versátiles para poder tratar todo tipo de piezas. También contarán con las tecnologías más modernas, como un microscopio para trabajar sin dañar la superficie de los fósiles o un equipo fotográfico para poder fotografiar las piezas con la mejor calidad. «En Atapuerca hay materiales de grandes dimensiones, pero la idea es que no solo trabajemos con estos yacimientos, sino con otros de otros lugares del mundo, de modo que podamos restaurar, por ejemplo, defensas de elefante, que son enormes. El CENIEH será un centro de referencia internacional en el estudio de la evolución humana, de modo que su laboratorio del Área de Conservación y Restauración no puede quedarse atrás», indicó Pilar Fernández.
El CENIEH dispondrá de un gran espacio para guardar las colecciones de fósiles y de una sala de consulta para que los científicos de todo el mundo tengan acceso a ellas. También habrá una gran base de datos en la que estarán todos registrados.
Ante el gran interés que pueda suscitar esta posibilidad, las dos restauradoras han elaborado un protocolo de conservación preventiva de los fósiles en el que se hacen una serie de recomendaciones a los científicos para su manipulación, posible traslado y realización de análisis. «Nuestra principal obsesión es la conservación de todas las colecciones. Aunque son un material de estudio, debemos conservar un equilibrio entre ambas posibilidades», indicaron.
Las restauradoras del CENIEH colaboraran desde hace cinco años con los yacimientos de Dmanisi (Georgia) gracias a un convenio con la Fundación Duques de Soria. Ayudan a los investigadores georgianos a extraer piezas arqueológicas y paleontológicas de la excavación y a restaurarlas para su depósito en el Museo Nacional de Georgia, de modo que desde Burgos se está exportando el buen hacer en la conservación y restauración de los fósiles.