El importante aumento de casos de enfermedades inflamatorias intestinales en los últimos años y los tratamientos cada vez más específicos de estas dolencias ha hecho que desde el servicio de Aparato Digestivo del Complejo Asistencial de Burgos, que dirige Carlos Ojeda, se haya visto la necesidad de crear una unidad específica para atender a los pacientes afectados que, en la provincia de Burgos, podrían ser casi 600.
Aunque aún no se trata de un área constituida de forma "oficial" sí que desde hace tiempo hay tres especialistas que se dedican de una forma más intensa a tratarlos. Antonio Araúzo, Elena Gento y Sara García Morán son los profesionales de referencia para enfermos de Crohn y de colitis ulcerosa.
Estos expertos explican que la existencia de unidades resulta rentable para el sistema sanitario porque, según estudios realizados en otros hospitales, la atención directa y con médicos concretos reducen los ingresos e incluso la cirugía de unas enfermedades cuyo origen no está claro pero de las que se sabe que son autoinmunes, es decir, en las que no funciona bien el factor de defensa del organismo y que aparecen en individuos predispuestos genéticamente.
Ambas consisten en una inflamación crónica del intestino pero en el primer caso afecta a cualquier parte del tubo digestivo y en el segundo, al colon. «Los tratamientos son muy parecidos, la etiología es similar y hay casos en los que no es posible diferenciar una de otra», explica la doctora Gento que, junto con sus compañeros, está realizando un registro de pacientes e intentan formar a los médicos de Familia para que conozcan más las patologías y el diagnóstico se haga con mayor celeridad, porque ha venido siendo habitual que se tarde meses en saber que los síntomas inespecíficos que presenta una persona pueden ser crohn o colitis ulcerosa.
Y es que el principal signo de que existen estas patologías es la presencia de diarrea con sangre, algo que puede confundirse con síndrome de intestino irritable. En el caso de la enfermedad de Crohn hay, además, dolor. Otros indicios son cambios en la motilidad intestinal (diarrea que se alterna con estreñimiento), lesiones en la piel, inflamación ocular, visión borrosa o afección en las articulaciones en forma de artritis.
Lo más frecuente es que aparezcan en gente entre los 20 y los 25 años pero también hay casos tardíos -aunque son menos frecuentes- en los que dan la cara a partir de los 60. El diagnóstico se realiza a través de criterios clínicos y radiológicos y pruebas endoscópicas que resultan, en la mayoría de los casos, clave para encontrar las enfermedades.
En cuanto a los tratamientos, éstos tienen que ser de por vida aunque tanto el crohn como la colitis ulcerosa aparecen por brotes y puede haber períodos largos en los que estén en remisión. Son fundamentalmente farmacológicos pero también quirúrgicos.
Estas dos enfermedades están siendo muy investigadas y fruto de este trabajo hay medicamentos cada vez más efectivos pero con efectos secundarios importantes. La doctora García Morán asegura que dado que son patologías autoinmunes, las últimas sustancias utilizadas para su tratamiento disminuyen o modulan la respuesta inmunitaria, lo que puede producir infecciones. Por eso, añade, es importante que los pacientes conozcan muy bien la enfermedad, sus síntomas y sean rigurosos con la medicación, para lo cual los especialistas realizan una importante tarea educativa y de control.