Diario de Burgos
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El misterio de la Puerta del Sol

R. Pérez Barredo / Burgos - domingo, 8 de febrero de 2009
Se cumplen 80 años del rodaje del primer filme sonoro en español • El artífice fue un industrial burgalés: Feliciano Manuel Vitores

¿Qué hubiese sido del progreso sin los visionarios? Posiblemente, aún nos hallaríamos en las antípodas de lo que hoy reconocemos como tal. Antes de que el cine se convirtiera en el séptimo arte hubo quienes vieron en aquel artefacto llamado cinematógrafo un universo de posibilidades. Uno de ellos se llamó Manuel Feliciano Vitores, y era natural de Belorado. Empresario audaz, aunque injustamente olvidado, su nombre está escrito con letras de oro en la historia del cine español.

Gracias a él se realizó la primera película sonora del celuloide patrio, El misterio de la Puerta del Sol, de cuyo caótico rodaje se celebra este año el 80 aniversario. Además, obra en su currículum la autoría del primer monólogo de humor -hoy convertido en todo un género- nunca antes grabado: el protagonizado por el irrepetible Ramón Gómez de la Serna que hoy, gracias al citado progreso, está al alcance de cualquiera merced a la impagable herramienta denominada Youtube.

En 1927, el norteamericano Lee de Forest había aterrizado en Europa con un sorprendente artilugio bautizado phonofilm, mediante el cual se había proyectado, con un éxito inenarrable, la película The Jazz Singer. El impacto de este filme, el primer sonoro de la historia, supuso una revolución. Durante su visita a España, De Forest hizo unos pocos pases privados, siendo Primo de Rivera fue uno de sus privilegiados espectadores. Antes de regresar a Estados Unidos, el yanqui tuvo la fortuna de hacer caja vendiendo el invento a tres industriales: Enrique Urazandi, Agustín Bellapart y Feliciano Manuel Vitores, quienes se asociaron en la empresa Hispano de Forest Fonofilm.

La adquisición les otorgaba las patentes del invento en España y Portugal, sus derechos durante diez años y la posesión de un paquete de películas. Con el centro de operaciones en Barcelona, donde se crearon unos estudios, la sociedad anónima decidió dar a conocer el fonofilm de forma itinerante por toda España: Madrid, Burgos, Bilbao, San Sebastián, Barcelona o Logroño fueron algunas de las ciudades en las que se exhibió el milagroso aparato. Sin embargo, la compleja instalación y el arcaico funcionamiento del aparataje convirtió cada exhibición en un desastre. Las críticas fueron durísimas. Y aunque las giras continuaron, la empresa entró en crisis, precipitándose su liquidación. Sin embargo, el empresario beliforano no se dio por vencido y decidió quedarse como único propietario. Ya entonces tenía en mente la única salida posible para remontar la situación de la Hispano de Forest Fonofilm: la producción de un largometraje sonoro en español.

El rodaje

Vitores logró reunir un importante suma de dinero (18.000 pesetas) y contrató, como director y guionista, a un onubense: Francisco Elías, que ya había dirigido varias películas mudas. El elenco de actores fue asimismo importante: el actor de moda Juan de Orduña (quien años más tarde sería director), Teresa Penella, Anita Moreno, Jack Castello y Antonio Barber. Entre octubre y noviembre de 1929 se rodó la película. Los exteriores, claro, en la Puerta del Sol y en la Gran Vía; los interiores fueron filmados en un hotel propiedad del industrial beliforano en la Ciudad Lineal así como en los talleres de dos periódicos: el Heraldo de Madrid y El Liberal.

El misterio de la Puerta del Sol narra la rocambolesca historia de Pompello Pimpollo (Juan de Orduña) y Rodolfo Bambolino (Antonio Barbero), dos linotipistas que prueban suerte como actores durante la visita a Madrid del director Edward S. Carawa (Jack Castello) y su estrella, Lía de Golfi (Anita Moreno). Al ser rechazados, traman fingir la muerte violenta de uno de ellos con el fin de llamar la atención. Sueños, crímenes, deseo... El guión del película ha sido considerado como "bueno", si bien el éxito cosechado por la cinta fue nulo debido a las numerosas deficiencias. La película se estrenó en el Coliseo Castilla de Burgos un año después, en enero de 1930. Quizás por la condición de burgalés del productor, la crítica fue benévola.

«La sincronización conseguida es perfecta; la palabra se corresponde exactamente con los movimientos de los labios. La amplitud precisa de los sonidos es algo más difícil de conseguir (...) La lucha que el señor Vitores ha emprendido por la producción española de la película hablada es digna de aliento y estímulo, y el rasgo de ofrecer a Burgos la virginidad de su primera obra es de agradecer y de aplaudir» (Diario de Burgos). Lamentablemente, no sucedió lo mismo en otras ciudades. El fracaso fue estrepitoso y llevó a la ruina al beliforano.

Al rescate

A comienzos del año 1995 la Filmoteca Nacional hizo pública su nueva adquisición. Se trataba de una copia de El misterio de la Puerta del Sol que se creía desaparecida pero que había permanecido oculta en cuatro latas metálicas ostensiblemente oxidadas en un desván de la casa de los herederos de Vitores en Belorado. Convenientemente rehabilitada, la película de nitrato recobró la vida, permitiendo así la posibilidad de estudiar los orígenes del cine sonoro en España. Una aventura inédita y maravillosa.

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