En Cáritas lo saben bien. Los efectos de la crisis económica se están notando de forma más virulenta en los colectivos especialmente vulnerables, aquellos que no se beneficiaron de los momentos de bonanza y que ahora, en la recesión, son quienes tienen que depender de las instituciones para costear sus necesidades más básicas como comida y vivienda. Las cosas están tan mal que, según dijo ayer el delegado diocesano en Burgos, Andrés Picón, al Ayuntamiento se le han terminado las ayudas de urgente necesidad -una partida destinada a resolver problemas puntuales- y desde los centros de acción social (ceas) municipales están derivando a las personas a Cáritas.
Picón precisó que esta situación se ha producido con mayor intensidad en el último mes y que la organización de la Iglesia Católica hace lo que puede para atender todas las demandas de ayuda económica que recibe, que han crecido en un 42% con respecto al año pasado. Este aumento se debe a la petición de dinero para alimentación pero también para abordar impagos de hipotecas, deudas de alquileres, embargos, desahucios y para hacer frente a facturas tan básicas como las del agua, la luz y el gas.
La concejala de Acción Social, María José Abajo, explicó que, efectivamente, el presupuesto de estas ayudas se ha terminado pero que se va a incorporar de forma inmediata una partida de 23.000 euros para hacer frente a todas las solicitudes. «En cualquier caso, muchos de los programas de Cáritas ya reciben subvención municipal», señaló.
Los grupos de población más afectados -entre los españoles- son las mujeres solas con cargas familiares, las familias en las que el hombre proviene de trabajos poco cualificados y se ha quedado sin empleo y las mujeres mayores con pensiones no contributivas o tan mínimas que no llegan a cubrir las necesidades básicas. De hecho, las demandas de ayuda entre familias autóctonas ha crecido un 23% este año.
En cuanto a la población inmigrante, quienes lo tienen peor son, por un lado, aquellos que con un primer y un segundo permiso de residencia y trabajo están en grave riesgo de pasar a ser "irregulares" porque se agotan los plazos para encontrar trabajo y, por otro, las mujeres que han venido como consecuencia de un agrupamiento familiar que carecen de formación y cualificación.
Así las cosas, Cáritas ha hecho ya una estimación de sus necesidades económicas para el año que viene y su presupuesto crecerá un 5%. «Esto supondrá un incremento de unos 155.000 euros con respecto a 2008 y de esta cantidad, el Arzobispado se ha comprometido a aportar 44.000», dijo Picón, quien anunció también la previsión que tienen ya de que las subvenciones públicas disminuyan. Por otro lado, se refirió también a la ayuda que recibe de sus socios -durante este año, los 986 con los que cuenta le aportaron 186.328 euros- y al perfil de este colectivo, que tiene una media de 66 años y un alto nivel de cuotas bajas, es decir que el 35% aporta menos de 5 euros al mes: «Las limosnas nos ayudan de verdad pero, además, vamos a potenciar los recursos de acogida en las parroquias y viviremos una comunión de bienes en el sentido que las parroquias que más reciban se solidarizarán con las que menos tengan».
Picón recordó que son muchos los recursos que tienen que mantener: cinco viviendas, dos comedores, dos albergues, una "unidad de mínima exigencia", seis puntos de atención básica y una casa de acogida.
Desde Cáritas recordaron, además, que la falta de una economía estable no solo se refleja en los apuros para llegar a fin de mes sino que tiene una serie de consecuencias sociales y familiares que en la institución benéfica no ha dejado de notar. Así, llevan ya un tiempo experimentando un crecimiento de la demanda de apoyo psicológico para adultos pero también para menores además de un aumento en los conflictos familiares y otras patologías como depresiones, ansiedad y una importante sensación de fracaso.
Por todo ello, han solicitado a las administraciones públicas que acometan con mayores recursos económicos la problemática de los distintos colectivos excluidos y que de ningún modo se reduzcan los presupuestos destinados a los servicios sociales que son, ahora, más necesarios que nunca: «Esperamos que el próximo presupuesto sea austero en conceptos como los Carnavales y las fiestas pero no para que la gente coma y arregle su vivienda, en definitiva, para que pueda vivir con dignidad. Suponemos que las autoridades lo tendrán en cuenta».