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domingo, 23 de noviembre de 2014
Vivir

Una lucha por seguir adelante

David Ruiz Miguélez / Burgos - miércoles, 03 de septiembre de 2008

El Centro Reto lleva 20 años ofreciendo ayuda, apoyo y una alternativa laboral y ocupacional a personas que están intentando vencer sus adicciones • Este espacio cuenta con mercados de muebles y ropa, y varios talleres

Cuando uno llega a las puertas del Centro Reto se da cuenta de que está en un sitio especial. Situado en el kilómetro 3 de la carretera de Quintanadueñas, el lugar está cerca pero a la vez muy lejos de la vida en la ciudad. Una nave industrial de considerable tamaño, en cuyas paredes se pueden leer diferentes mensajes religiosos, da la bienvenida al visitante. Dentro, como cualquier otro día, varios de los 63 trabajadores del centro se aplican en sus respectivas labores, repartidas entre varios talleres y mercadillos de muebles y ropa de segunda mano.

Gerardo Vázquez Iglesias es el responsable del buen funcionamiento del lugar, un espacio que lleva 20 años abierto y que fue creado con el fin de ayudar a personas necesitadas, sin ningún ánimo de lucro. «No recibimos ninguna subvención de ningún tipo, salimos adelante con nuestro esfuerzo y trabajo», explica Gerardo. En Reto conviven hombres y mujeres que, un día, decidieron dar un paso para salir de su adicción al alcohol o a las drogas. Cuando alguien en una situación similar decide ponerse en contacto con el Centro (que tiene el teléfono 947202855 a disposición de todo el mundo), los responsables de Reto se ponen manos a la obra. «Intentamos transmitir a la gente que puede cambiar su vida», cuenta Gerardo. A día de hoy, Reto está formado por 52 hombres y 11 mujeres, entre los que hay trabajadores "voluntarios", y personas que se encuentran en proceso de desintoxicación, un camino que el propio Gerardo recorrió hace 16 años.

Este bilbaíno, nacido hace 40 años, cuenta que, cuando él estaba "enganchado", no sabía de la existencia de este centro. «Yo sabía que tenía un problema, y quería dejarlo», narra. En un intento por cambiar de ambiente y de ciudad, pidió entrar en un centro de desintoxicación del País Vasco. «Pero no me podían "coger" en ese momento, así que me dieron el teléfono de Centro Reto», cuenta Gerardo. Así, después de pasar por Toro (Zamora) y por Valladolid, hace 3 años recaló en Burgos, «donde continuo lo que otros compañeros empezaron», puntualiza.

Gerardo lleva 16 años "limpio", sin ni siquiera fumar un cigarro. «Dios tocó mi vida, y desde aquel momento mantengo una fe verdadera en Jesucristo», detalla. Y es que la religión juega un papel fundamental en este sitio. «Somos un centro cristiano. Nuestra guía es la palabra de Dios, algo poco común en los tiempos que corren», explica el responsable.

Un día en Reto

En el centro las jornadas empiezan a las 7 de la mañana. Después de desayunar, hay una reunión entre sus miembros, y a las 08,30 horas todo el mundo empieza a trabajar. Las mujeres se encargan del "rastro" de ropa de segunda mano, que es cedida al centro por familias burgalesas, y lavada, planchada por los trabajadores. Además, en este lugar hay un mercadillo de muebles de segunda mano, actividad por la que Reto es conocida. Cuando una familia quiere deshacerse de cualquier objeto, ya sea una estantería, una silla, una mesa o una encimera, se ponen en contacto con el centro. Entonces, varios trabajadores se acercan a su domicilio, y cargan la mercancía hasta la nave industrial. Allí se comprueba su estado y se repara en caso de que sea necesario. Después se pone a la venta. Pero, además de esta actividad, Reto tiene talleres de chatarra, carpintería, y mecánica. Todas estas labores permiten a Gerardo y a sus compañeros salir adelante, ya que son un centro totalmente auto gestionado. Y, además de la importancia económica de estos trabajos, son de vital importancia para la rehabilitación de aquellas personas que llegan a Reto para desintoxicarse. Estos talleres son una terapia ocupacional para ellos, que, junto con la compañía y el apoyo del resto de integrantes del centro, les ayudan a superar sus adicciones. «Buscamos conseguir en ellos un cambio de vida a través de la palabra de Dios, aunque aquí no se obliga a nadie a tener unas determinadas creencias, eso es algo personal», puntualiza Gerardo.

Antes de despedirse, aprovecha para agradecer a los burgaleses su ayuda, y hace un llamamiento para que todo aquel que tenga una «necesidad» y sienta que pueden ayudarle se ponga en contacto con ellos.

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