Diario de Burgos
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Vivir

«No corren buenos tiempos para la utopía»

Angélica González / Burgos - viernes, 27 de junio de 2008
Pablo Veiga, jesuita de 34 años, será ordenado sacerdote mañana sábado, a las 18 horas, en la Iglesia de la Merced junto con sus compañeros Ignacio González y Sergio García

Los muchos años que lleva en tierras castellanas le han robado casi del todo el acento gallego de Lugo pero no la dulzura en el habla. A Pablo Veiga le quedan unas horas para que el arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, le ordene sacerdote junto a dos de sus compañeros, el salmantino Ignacio González y el madrileño Sergio García. El acto tendrá lugar mañana sábado en la iglesia de la Merced a las 18 horas y Pablo asegura que los momentos previos los está viviendo con mucha tranquilidad: «Este es un tiempo muy bueno para darse cuenta de lo afortunado que es uno. Son unas horas muy dulces».

Muchas personas le reconocerán. Durante dos años estuvo en el colegio que los jesuitas tienen aquí en Burgos dando clases de Ética y de Historia, siendo tutor de 4º de la ESO, acompañando a los adolescentes en sus ratos de ocio y tiempo libre «escuchándoles y aprendiendo de ellos». Antes, estudió un año de Empresariales en La Coruña y realizó el noviciado en Valladolid. Ha estudiado Filosofía, Sociología y Teología y su gran pasión es el trabajo con los excluidos, con aquellos que menos tienen, con los migrantes. De hecho, ahora lleva un año en Boston (y le queda otro) estudiando una licenciatura de Religión y Cambios Sociales y en sus ratos libres visita a hispanos que están encarcelados y acompaña a la comunidad dominicana.

Aunque las religiones son quizás los grupos que menos o más lentamente se adaptan a los cambios sociales, a los que suelen ver con pavor, Pablo Veiga no ve ninguna incoherencia en el título de sus estudios: «Fue Joaquín Sabina el que dijo en una canción que Jesucristo fue el primer comunista y aunque el comunismo no esté pasando por sus mejores momentos, en su día movilizó y revolucionó el orden que estaba entonces establecido. Si uno lee el Evangelio con ojos limpios puede ver bastante claro que Jesús introdujo una serie de modos de vivir que son realmente revolucionarios, que trastocan las relaciones personales, las relaciones con Dios y con uno mismo».

Y es que está firmemente convencido de que no hay nada más transgresor que lo que hizo Jesucristo, que fue renunciar al privilegio y al poder por apostar por los pobres, pensar que los más importantes son los últimos y que hay que dar la palabra a los que nunca la tienen: «Pocas cosas son tan arriesgadas, revolucionarias, provocativas y contraculturales».

Como tantas otras personas, este joven jesuita está impactado por el hecho de que España haya apoyado una normativa que endurece como nunca antes se había hecho las condiciones para migrar a Europa y le pone la etiqueta de delincuentes a personas que llegan a buscar una vida mejor: «Es triste, vergonzoso y perjudicial para nuestras sociedades. Los tiempos que corren no son buenos para la utopía, la esperanza y la poesía pero no nos vencerán. Como decía Casaldáliga, somos soldados vencidos de una causa invencible. Aunque no sean momentos muy favorables, uno confía en el futuro y la última palabra no será de verjas ni de vallas sino de amor, cariño y fraternidad».

Sobre la actual situación de la Iglesia española dice no estar muy al tanto por encontrarse estudiando en Estados Unidos pero cree que las quejas de persecución de las que se duelen algunos católicos «no son las que pueden derivar de las discusiones entre fulanito y menganito, entre instituciones, estructuras o líderes; claro que hay mucho sufrimiento y persecución pero no en España; en otros lugares hay injusticias que destrozan vidas, que no son titulares y juegos dialécticos sino vidas despedazadas».

Ser cura

Desde los 19 años está en la Compañía de Jesús, a la que llegó como se suele ser a esa edad: idealista, con ganas de comerse el mundo, lejos de cualquier convención y sin pensar en las seguridades que se buscan para tener la vida resuelta. Cuando se le pide un balance de cómo le han ido todos estos años responde: «Muy bien, gracias a Dios. Estoy convencido y tengo muy claro -así como todo lo demás lo tengo cada vez menos claro- que estos años en la Compañía han sido muy felices; he crecido, he sido mucho más libre y es lo que me ha animado a dar el paso al sacerdocio».

«Me temo que tengo vocación -añade- y estoy convencido de que esta es la manera en la que estoy hecho para vivir, la manera en la que Dios me sueña y la que más feliz me hace».

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