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La Generación del 27

R.P.b/Burgos - domingo, 16 de diciembre de 2007
La revista Parábola y la tertulia El Ciprés se convirtieron durante los años 20 y 30 en los referentes culturales gracias a los cuales Burgos pudo asomarse al balcón de la vanguardia y del cambio social que se experimentó en todo el país • La univers

Se trataba de una ciudad anquilosada por una sociedad inmóvil. Burgos era un cuartel conventual adocenado por una burguesía gazmoña y rentista depositaria de unos valores atávicos enemigos del progreso y del futuro. Pero esa imagen, repetida en otras ciudades del entorno, era, aunque con peso, sólo la epidermis: en los arrabales de este rincón de Castilla, espejo de lo que empezaba a suceder en todo el país, ya soplaban vientos de cambio. En la segunda década del siglo XX, en pleno periodo de entreguerras, España va a vivir una revolución cultural que acabará alumbrando una de las épocas más doradas de su historia. Será la llamada Edad de Plata, representada por la Generación del 27, que tuvo su traslación en Burgos impulsada por dos hechos fundamentales: la creación de la revista Parábola y de la tertulia El Ciprés, ambas pilotadas por la misma persona: el entusiasta periodista y escritor Eduardo de Ontañón.

De su mano llegarán a Burgos las vanguardias, la modernidad, el ansia de libertad y conocimiento y el espíritu de redención universal de un tierra estigmatizada por la herencia de un castellanismo resignado y pobre. «El viejo mundo caciquil, de elites codiciosas de sus prebendas y cargos, no puede evitar la toma de conciencia social, la reclamación de limpieza de las elecciones, la irrupción de asociaciones y partidos reivindicativos, el avance del laicismo, la llegada de lo moderno, el fin de la cultura de súbdito. Los partidos y sociedades se venían dotando de publicaciones, periódicos y boletines, merced a los cuales las ideas fluyen, se propagan... La cultura burgalesa de esos años, siguiendo pautas comunes al resto del país, da la espalda a la realidad de la dictadura de Primo de Rivera -preocupada por esa vieja idea del orden social- y comienza un movimiento nuevo que permitirá hablar de círculos novatores locales, de un fermento artístico del que Parábola va a dar buena cuenta (...), explica Ignacio Fernández de Mata en su estudio preliminar a la hermosa edición que sobre esta revista se hizo en 2004.

un oasis en la paramera. La revista, creada en 1923, va a convertirse en un oasis de vanguardia y renovación en la paramera noventayochista y deprimida que era entonces Castilla. Ítem más: será la piedra de toque para que, al abrigo de su magisterio, surjan en Burgos y en otras provincias castellanas un buen número de publicaciones que serán reflejo de una época de cambios culturales y sociales irrepetibles, como Meseta en Valladolid o Manantial en Segovia. Eso sucederá a partir de la segunda etapa, inaugurada cuatro años más tarde, en 1927, tras la fugaz existencia de la primera. Entonces, Parábola alcanzará gran notoriedad a nivel nacional e internacional.

La revista tiene esencialidad castellana, pero no con la vocación rancia de antaño: su espíritu es mesetario pero mira hacia afuera, hacia lo universal. Ahí radica su singularidad. Liderada por Ontañón, que ha viajado y se ha empapado de modernidad, y con la colaboración impagable de un extraordinario ilustrador gallego, Jaime de Prada, Parábola alcanza la categoría de referencia. María Teresa León, principal representante burgalesa de la Generación del 27, la pondrá como modelo y paradigma del movimiento renovador que se está produciendo en Castilla en uno de sus viajes a Argentina. El diseño de la revista es rompedor, con ilustraciones fabulosas, y todos los textos que en ella se publican son originales e inéditos. Y no se trata de firmas cualquiera. En Parábola publicaron los principales referentes de la Generación del 27. Así lo hicieron Federico García Lorca, Pedro Salinas, Gerardo Diego o Francisco Ayala, el único superviviente de aquella explosión de talento.

Sin olvidar a los burgaleses, como el propio Ontañón, el músico Antonio José, el poeta, periodista e impresor Luis Saiz, José María Alfaro o Eduardo Arasti. Otros colaboradores de renombre de Parábola fueron los hermanos Cossío, el palentino César M. Arconada, Juan Chabás, César González Ruano, Giménez Caballero o Concha Méndez, entre otros.

el Ciprés. Paralelamente a la exitosa vida de Parábola, e imbuido como estaba en su espíritu renovador y a pesar de sus múltiples afanes, Eduardo de Ontañón fundó la tertulia literaria El Ciprés, mosaico de ideologías e islote de libertad. La tertulia El Ciprés fue un «verdadero hogar de ingenio y de encuentro intelectual», en palabras de Fernández de Mata. Las primeras reuniones se produjeron en la propia librería de Ontañón para, más tarde, trasladarse al Café del Iris, sito en la vieja calle del Caño Gordo y, definitivamente, en su época de esplendor -los años 30- en el Café Candelas. Ontañón definió a aquel grupo como el "Pombo" burgalés, en alusión a la famosa tertulia que Ramón Gómez de la Serna había creado en Madrid. «El Ciprés resultó una reunión inédita, en la que se daban cita gentes variopintas en ideales y artes, una aleccionadora mixtura si la lectura de su amistad se hace conociendo posteriores mediocridades y uniformismos».

Aunque no se sabe a ciencia cierta el nombre de todos los miembros de este espacio de pluralismo que se reunía cada jueves, sí de la mayoría. Además de Ontañón, la componían el músico Antonio José, víctima de la represión fascista en 1936, Félix Alonso, escultor, miembro del Ateneo Popular, Moisés Barrio Duque, diputado de Izquierda Republicana y exiliado después de la guerra, Luis Saiz Barrón, impresor y víctima de la guerra, Ignacio Ángel Arroyo, dibujante también fallecido durante la contienda, Florentino Martínez Mata, jefe de Falange en julio del 36 y alcalde durante la dictadura, Saturnino Calvo, orfebre, encarcelado en el 36, Alfredo Palmero, pintor, José Luis Monteverde, arqueólogo, Alberto Retes, pintor, Alfredo Mediavilla,Eloy García de Quevedo, profesor, Gonzalo Díez de la Lastra, archivero municipal y requeté, Próspero García Gallardo, pintor, María Cruz Ebro, escritora y secretaria del Ateneo, Guillermo S. Cardiel, concejal, maestro y periodista, Jaime Santamaría, bibliotecario del Ateneo Popular, exiliado tras la contienda, Fortunato Julián, pintor y escultor, Ángel Juan Quesada, músico, Luis Labín, político socialista que también sería represaliado, Eduardo Arasti, escritor y Antonio Pardo Casas, escritor y editor, entre otros.

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