Diario de Burgos
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Misiones

Un millagro en las Antípodas

R.P.B/burgos - domingo, 9 de diciembre de 2007
Benedictinos españoles fundaron en 1846 New Norcia, una misión en el oeste de Australia • 16 burgaleses han tomado parte de esta aventura • Uno de ellos, de 97 años, todavía vive en esta ciudad monástica

Hacia la mitad del siglo XIX Australia era un lugar poco recomendable. Colonia del Reino Unido, se había convertido en un penal de colosales magnitudes, ya que el imperio británico había comenzado a desmoronarse con la pérdida de las importantes colonias de norteamérica. Hasta el continente oceánico fueron desplazados alrededor de 200.000 reclusos, desde ladrones a desertores pasando por criminales y opositores a la Corona de Su Majestad. Además, aquel territorio inhóspito y gigantesco estaba habitado por aborígenes nativos, sobre los que circulaban leyendas acerca de su salvajismo. Era mentira, claro: los caníbales eran los ingleses, quienes desde que iniciaran la colonización se habían dedicado a una labor de exterminio impropia de un imperio que presumía de civilizado. A comienzos del siglo XIX había en Australia más de 300.000 aborígenes. En apenas 150 años sólo quedaban 40.000 y hoy representan el 1 por ciento de la población australiana.

En pleno genocidio, dos monjes españoles de la orden benedictina, Rosendo Salvado y José María Serra, llegaron a Australia, empujados por la desamortización de Mendizábal, con la intención de fundar una misión y desempeñar, en aquella tierra desconocida y violenta, una labor evangelizadora. Sucedió en 1846. El lugar elegido fue el casi deshabitado y virgen territorio oeste, en el estuario del caudaloso río Swan, a unos cuantos kilómetros al norte de la ciudad de Perth. El lugar fue bautizado como Nueva Nursia, en homenaje a la localidad italiana en la que naciónSan Benito. Construyeron, con ayuda de otros religiosos españoles que fueron llegando tras el asentamiento de la misión, como el burgalés Venancio Garrido, natural de San Miguel de Pedroso, tanto el monasterio, de estilo neoclásico, como pequeñas casas para sedentizar a la población indígena, que vivía en condiciones infrahumanas por culpa de la acción racista de los ingleses.

Además, iniciaron la explotación de las tierras del contorno, plantando, por ejemplo, olivos, así como viñas y, por supuesto, cereal. En unos años, Nueva Nursia, hoy conocida como New Norcia, se convirtió en una ciudadela monástica tan importante que el Vaticano acabó dándole jurisdicción de independencia. Salvado se convertiría, así, en el primer abad de New Norcia. El esplendor finisecular de la misión se prolongaría en los primeros años del siglo XX. Al monasterio, las tierras de labranza y las casas de los nativos se acabaría sumando la construcción de dos colegios, uno masculino y otro femenino: San Ildefonso y Santa Gertrudis.

dieciséis burgaleses. Al tiempo que esto sucedía, iban llegando procedentes de España, y especialmente de regiones como Castilla, Navarra oAragón, más religiosos. Burgos fue una de las provincias que más frailes ha aportado en la historia de la misión: hasta dieciséis, de los que uno, dom Paulino Gutiérrez, natural de Villaespasa de Lara, todavía reside allí con 97 maravillosos años. Los primeros en llegar fueron el citado Venancio Garrido; Gerardo Castañares, natural de Tamarón, fallecido en agosto de 1926 e Íñigo Alcalde, de Cañizar, muerto en 1943. Les siguieron Lesmes López, de Palacios de Benaver, desaparecido en 1945; Gregorio Gómez, de Villoruebo, que llegó a ser abad del monasterio, desaparecido en 1995; Agustín Ortega, nacido en Jaramillo Quemado y muerto en Filipinas en 1962; Manuel Alberto Pérez, de Palacios de Benaver, fallecido en 1957; Ildefonso Martínez, también natural de Palacios de Benaver, desaparecido en 1976; Vicente Burgos, nacido en Quintanilla de las Viñas y muerto en 1989; Donato Arce, de Cañizar de los Ajos, fallecido en 1955; Fulgencio González, natural de La Nuez de Abajo, muerto en 1945;Silvestre López, de Pedrosa de Río Urbel, desaparecido en 1965; Santiago Carrasco, de Cañizar de los Ajos, muerto en 1965; Agustín Gozalo, de Cabia, y Domingo Vallejo, que, al igual que Paulino Gutiérrez, todavía vive, aunque no en New Norcia.

La comunidad benedictina en el fin del mundo llegó a contar con alrededor de ochenta monjes, todos ellos españoles. Hoy no llegan a la quincena, y dom Paulino es el último eslabón, el privilegiado testigo de una gesta que ahora cumple 161 años de historia.

En la actualidad. Hoy, New Norcia sigue contando con la infraestructura citada más una biblioteca, un museo, un hotel y un centro educativo. Hoy, este milagro ubicado en las Antípodas es un referente para el turismo de Western Australia. Además de los monjes, trabajan en la ciudad unos 70 empleados y es visitada anualmente por una media de 70.000 personas. Así, el Museo y Galería de Arte atrae numerosos visitantes y la misión también ofrece visitas guiadas de la ciudad. Además del Hotel, el Monasterio proporciona alojamiento para los que buscan una experiencia de tranquilidad y descanso. Uno de los edificios que fue colegio se utiliza en la actualidad como escuela de adultos para talleres y convenciones.

Desde el año 1996 los monjes benedictinos establecieron un centro de interpretación donde se explica a todos los visitantes el origen y la historia de la misión. A pesar de que, de alguna manera, la modernidad se ha instalado en la ciudad monástica, ésta sigue autoabasteciéndose. Y los monjes llevan la misma vida sobria y espiritual de siempre.

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