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Un artista polifacético

R.p.b/Burgos - domingo, 15 de enero de 2006
El pintor y dibujante Evaristo Barrio, rescatado del olvido por el Instituto Muncipal de Cultura, desarrolló una gran labor al frente de la Academia de Dibujo del Consulado del Mar • Fue maestro de Marceliano Santa María, entre otros

El pintor Marceliano Santa María le definió como un gran artista y un consumado docente. Dibujante y pintor de altura, el polifacético Evaristo Barrio (Zaragoza, 1841-Burgos 1924) desarrolló toda su actividad creativa en la capital castellana, donde llegó a ser director de la Academia de Dibujo del Consulado del Mar en el año 1886, consiguiendo que esta institución viviera durante aquellos años su época dorada. La obra de Barrio no sólo se circunscribe a los dibujos, por los que más se le conoce, sino que su obra pictórica (bastante desconocida por estar dispersa y en manos de coleccionistas particulares) es de gran calidad. En Instituto Municipal de Cultura (IMC) editó el pasado año, con motivo del IV centenario de la publicación de El Ingenioso Hidalgo..., la obra de Martín Domínguez Berrueta Historias de Don Quijote, editada en 1913 por Santiago Rodríguez. Las ilustraciones de esta obra, así como las del calendario de 2006 del IMC, son de Evaristo Barrio, quizás uno de los artistas más desconocidos de esta tierra.

Militar de carrera, se trasladó pronto a Marruecos con el grado de alférez, pero una herida en su brazo izquierdo precipitó el abandono de su vida castrense. Aunque coqueteó con la música en condición de barítono, a partir de entonces se dedicó a su verdadera pasión: la pintura. En 1874 se convirtió en académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta que en 1875 obtuvo la plaza de profesor en la Academia de Dibujo del Consulado del Mar de Burgos, de la que acabaría siendo director años más tarde. Fue maestro, entre otros, de Marceliano Santa María, Luis Manero, León Camarero y Julio del Val. En el catálogo de 2002 Artistas burgaleses en las exposiciones nacionales se define la pintura de Evaristo Barrio como «de rico cromatismo, en el que dominan los tonos cálidos junto a una rica paleta de ocres y terrosos utilizada con elegancia.A veces, en sus producciones se contrapone un cuidado detallismo, sobre todo en los primeros planos, como corresponde a una persona que se dedica a la enseñanza del dibujo, con una tendencia a la pincelada más suelta en los fondos».

Sobre los género que tocó a lo largo de su vida creativa destacó, según la obra antes citada, en la pintura de historia, en la que, junto a Isidro Gil, se convertiría «en uno de los máximos exponentes» en la ciudad de Burgos.Así, por encargo del Consistorio realizó el cuadro titulado El Cid presenta a su padre Diego Laínez la cabeza del conde Lozano (también conocido como La primera hazaña del Cid), que está fechado en 1891. «Esta pintura causó gran sensación en el panorama pictórico burgalés del momento, lo que animó a su autor a presentarla en la Exposición Nacional de 1892...».

Otro de los temas que abordó Barrio fue la pintura de tradición literaria.El Museo de Burgos cuenta con el cuadro titulado Otelo yDesdémona, donde se aprecia la influencia de Shakespeare. No dejó de lado el paisaje. En Artistas burgaleses en las exposiciones nacionales se cuenta que en una carta dirigida a José Martínez Rives (Gobernador Civil, en 1873 director del Museo Provincial y autor de una tercera parte de El Ingenioso Higalgo..., que sitúa en Burgos y su entorno) le informa de que ha sido premiado en una exposición en Valladolid por dos paisajes. Frecuentó además el género costumbrista, así como la pintura de temas castrenses, acaso por su frustrada vocación militar.

importante actividad. Evaristo Barrio tomó parte en la mayoría de las iniciativas artísticas y culturales de la ciudad. Junto a Isidro Gil hizo el diseño de los trajes de los populares Gigantillos. En este sentido, fue un importante cartelista, realizando varios para las fiestas mayores de San Pedro y San Pablo. La Farmacia Ridruejo de la Plaza Mayor cuenta con una obra suya en un lugar excepcional: el techo. Otra de sus facetas, acaso la más conocida, es de ilustrador para numerosos libros, destacando innumerables series publicadas por editorial burgalesa Santiago Rodríguez. De sus dibujos han dicho que «el lapiz consigue verdaderos efectos prictóricos en una visión ensalzadora de la realidad

En 1904, tras casi 30 años al frente de la Academia de Dibujo del Consulado del Mar, abandonó el cargo con un bagaje impresionante. Fue uno de sus mejores profesores, autor de una serie de cambios y reformas de la enseñanza (nuevas modalidades en carámica o modelado) que convirtiron aquella época en una de las más gloriosas de la institución.

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