Yahira y Alicia fueron las niñas encargadas de cantar el Gordo.
Justo inmediatamente después de los premiados, y de quienes no han tenido fortuna, pues a todos ellos se les bendice con una dosis extra de salud, los grandes protagonistas del Sorteo Extraordinario de Navidad de la Lotería Nacional son los niños del madrileño colegio de San Ildefonso, encargados de cantar los números con ese soniquete tan especial que ya forma parte inseparable de la tradición cultural española.
No contentos con tal honor, entre los 34 elegidos hay dos todavía más especiales, pues la Fortuna les depara nada menos que la oportunidad de cantar el Gordo y ser el centro de la atención del todo el país durante una de las mañanas más risueñas del año.
En esta ocasión, la gloria correspondió a dos chicas, Alicia Rodríguez y Yahaira Gonzaga, responsables de dar a conocer un primer premio cuya bola pasó además por las manos de otros dos niños, encargados de extraer del bombo las bolas de boj portadoras de una verdadera riada de millones.
Como buen reflejo de la realidad multicultural patria, dos de ellos son de Ecuador, Yahaira Gonzaga -responsable de anunciar que al 78.294 le correspondían «tres millones de euros»- y Camila, de nueve años, que extrajo el premio del bombo y que dijo estar embargada por un sentimiento de «alegría, muchísima alegría».
Los otros dos, Alicia y Alejandro, son españoles. Ella -menuda y de ojos grandes- cantó el número que su compañero había sacado del bombo poco antes. No conformes, al cabo de un ratito, también dieron el segundo premio del sorteo, y aún les quedó tiempo y voz para anunciar otro más: uno de los quintos.
Después, cuando cerraron el último alambre de la tabla, con bastante más profesionalidad que muchos de esos futbolistas de campanillas, se dirigieron a la entrada del Salón de Loterías, donde aguantaron con paciencia la presión de decenas de periodistas y cámaras de televisión, ávidos de saber cuáles fueron sus sentimientos en esos mágicos momentos.
Alicia dijo estar «nerviosilla» y reveló que su padre la había dejado bien encarrilada al asegurarle esa misma mañana que ella iba a ser la «agraciada» y que, como así fue, cantaría el Gordo.
Mientras, Camila repetía sin cesar: «Alegría, alegría. Soy Camila, tengo nueve años y he sacado el Gordo». Alejandro, el único chico, extrañamente más pragmático que ellas, aseguraba que, de estar en la piel de uno de los ganadores, se hubiera comprado «un juego de la Play -una videoconsola-».
Yahaira explicó que vive con su madre en Madrid mientras que su padre sigue en Ecuador y, además, tiene una hermana en Londres. Era la primera vez que cantaba y admitió que se puso «muy nerviosa». ¿Y de haber ganado? Se compraría «muchas cosas» y le daría «un poco» a su madre, «porque es para compartirlo».
De ahí que, con un espíritu tan generoso, y en la creencia -muchas veces cierta- de que los agraciados podrían acordarse de quién les hizo ricos, Yahaira, tras un rato de dudas y titubeos, se atrevió a dirigirse a las cámaras para pedir «un reloj nuevo» como magra compensación a su buena mano a la hora de elegir la bolita con la cifra mágica ya para unos cuantos.
Su compañera Alicia, que anunció el 78.294, dijo que le haría ilusión otro reloj, mientras que Camila y Alejandro se decidieron por el mencionado juego y por un reproductor musical MP3, respectivamente.
Pero si ellos fueron los grandes protagonistas, el premio a los actores de reparto se lo llevaron Valeria Castañeda y Brandon Cabrera, que anunciaron el tercer premio, el 10.104, dotado con 500.000 euros a la serie, y tres quintos - 77.607, 43.802 y 51.972-, de 50.000 euros cada uno.
Tampoco resulta extraña tanta avaricia, puesto que, no en vano, Brandon, de 13 años y al que ya se conoce como el niño de la suerte, el año pasado ya cantó el Gordo. De hecho, a primera hora de la mañana se mostraba dispuesto a hacer el doblete, lo que le hubiera convertido en el primer niño de San Ildefonso en sacar el Gordo dos años seguidos.
Y ya no tendrá otra oportunidad, dado que el de ayer era su último sorteo, puesto que, como el resto de alumnos de 2º de la ESO del internado madrileño, este curso es el último que pasará en la institución. Pese a todo, su carrera ha sido una de las más exitosas que se recuerdan.