Una sesión nudista organizada por la Asociación para el Desarrollo del Naturismo (ADN) de Madrid
Los naturistas están en pie de guerra. Opuestos totalmente a la criminalización del desnudo humano que están llevando a cabo muchos municipios españoles, las asociaciones españolas de este colectivo piden que se deje de perseguir dicha práctica como si de una infracción legal se tratase. También se quejan de que algunas soluciones de las propuestas por las administraciones atentan directamente contra su libertad, puesto que se ven discriminados respecto al resto de la población en zonas especiales, que no dejan de ser un gueto para ellos.
Guste o no, las playas españolas se llenan en la época estival de aficionados al nudismo, que en muchas localidades no tienen facilidades para hacerlo.
Esgrimiendo razones higiénicas o de comportamiento cívico, esta actividad se ve restringida o incluso prohibida en muchos puntos de la costa ibérica.
Ante estas reacciones de las administraciones, el presidente de la Federación Española de Naturistas (FEN), Ismael Rodrigo, mostró ayer sus dudas sobre la capacidad de los ayuntamientos para legislar en las playas, ya que las costas son competencia del Estado, y recordó que, hasta ahora, se ha ganado todo recurso interpuesto en los tribunales por multas a nudistas.
En España no existe un censo fiable de playas nudistas porque, precisamente, la ley prohíbe realizar distinciones, y muchos espacios nudistas se han afianzado por la costumbre de acudir siempre a los mismos lugares.
La Constitución Española, «prohíbe las normas basadas en creencias morales» y, por suerte para muchos, desde la reforma del Código Penal en 1995 el delito de escándalo público ya no está tipificado. Los simpatizantes del nudismo comparan la discriminación que viven con la iniciativa que hace algunos días propusieron algunos musulmanes ceutíes, reclamando playas separadas para hombres y mujeres.
protección de los menores. La organización Hazte Oír promueve la campaña Playas Familiares, que propone la creación de playas exclusivas para nudistas, otras para los que no lo son y unas terceras mixtas alegando la protección a la intimidad, especialmente de los menores que estos días veranean en Cádiz, donde la alcaldesa del PP, Teófila Martínez , ha prohibido la práctica del nudismo en las playas urbanas.
Anteriormente, otras ciudades como San Sebastián y Getxo intentaron en su día limitar o vetar estas prácticas en sus arenales, pero los tribunales acabaron por permitir los desnudos.
El presidente de esta asociación familiar, Ignacio Arsuaga, aseguró no estar en contra de los nudistas, pero reclama para ellos espacios «alejados», como si de apestados se tratasen. Respaldado por más de 150.000 familias adheridas a la campaña, reclaman el derecho a decidir cuándo, cómo y dónde sus hijos pueden contemplar a una persona completamente desnuda «por el bien de su educación».
Es de suponer que los naturistas defenderán su derecho a seguir vistiendo como quieran, y educando a sus hijos de una manera tan válida como la de sus detractores, en la normal contemplación del desnudo humano como algo tan natural como la vida misma.