Después de cuatro días en los que la música de las charangas y el colorido de las peñas había tomado las calles de la capital ribereña, ayer le tocó el turno a las artes escénicas. De manera más relajada, los arandinos salieron a la calle para disfrutar de la primera jornada del Encuentro de Artistas Callejeros, Mimos y Estatuas Humanas, que tiene el formato de concurso internacional.
Un público familiar fue recorriendo la espina dorsal del casco histórico de Aranda para asistir a los diferentes espectáculos que abrieron esta cita, y que repitieron programa en sesión de medio día y de tarde. Desde los primeros minutos, los artistas intentaron obsequiar a los presentes con lo mejor de su repertorio de humor, malabares, acrobacias, música y muecas, mientras buscaban la complicidad de un público al que le costaba entrar al trapo de las actuaciones, a excepción de los niños a los que les resultaba más sencillo aplaudir, gritar e incluso salir como voluntarios.
El primero en abrir boca fue Javimalabares, que supo enganchar al público con sus malabares, como era de esperar por su nombre, pero sobre todo por su ironía y sus comentarios jocosos. Llegó a lograr que una niña de no más de 5 años hiciese malabarismos con una pelota de baloncesto y un cuchillo, por lo que se ganó 5 euros, y culminó su espectáculo con el más difícil todavía: hacer malabares con un cuchillo, una moto sierra en marcha y una pelota roja. Le salió bien, porque no se cortó ni un dedo.
No había terminado esta actuación cuando, unos metros más allá, Missvero estaba presentando su papel de vagabunda. En una actuación que recordaba el estilo de Charlot, esta artista supo mantener la atención del público congregado con su espectáculo de clown tierno en el que sacaba los objetos más cotidianos de su carrito para dar de comer a palomas imaginarias o terminar limpiando lo que había ensuciado con un palo de golf a modo de escoba. La recompensa: sonrisas cómplices del público y sinceros aplausos expresados por manos de todas las edades congregadas ante ella.
Mientras, junto a la iglesia de Santa María, Dj Capuzzi y la Señorita X calentaban para realizar sus acrobacias, al ritmo de algunos clásicos de la música disco de décadas anteriores, que servían de hilo conductor de un espectáculo que tardó en enganchar a los asistentes pero que, una vez metidos en él, fueron capaces de colaborar con los artistas con sus palmas e, incluso, recogiendo la ropa de los acróbatas, dándoles masajes o proporcionándoles agua para paliar el calor que sufrían al estar actuando a pleno sol.
La nota local la puso el grupo Fòlikan, compuesto por Manuel Duque, Jorge López de Marcos, Juan Paulo Podestá y Vanesa González, que mostraron al público cómo suenan instrumentos como la kora, el balafón y el djembe, mezclados con la guitarra española, interpretando ritmos típicos de Mali. Un momento de relax dentro de la agitación propia de las fiestas patronales arandinas.
De manera casi simultánea en el tiempo, pero en otro punto del centro arandino, los vitorianos Bapateanzirko dieron vida a una taberna muy especial, en la que la limpieza fue tan exhaustiva que la encargada adecentó hasta a los espectadores, pero donde el servicio dejaba mucho que desear. El pobre cliente tuvo que terminar haciendo malabares con los vasos y utilizando un baño inexistente en el que dos espectadores tuvieron que sujetar una cortina para proporcionarle intimidad. Para culminar su actuación, este dúo tenía previsto realizar acrobacias con una rueda alemana, que les servía también de armazón para la barra de la taberna, pero no pudieron llevarlas a cabo debido a lo irregular del piso de la plaza del Trigo.
Antes de retirarse a comer, los asistentes a estas actuaciones pudieron detenerse ante las tres primeras estatuas humanas que ocuparon la calle Isilla. Un espectáculo, el de los mimos, que los arandinos aprecian pero del que ayer acusaron su escasez, a tenor de los comentarios que realizaban entre sí los adultos mientras los más pequeños se acercaban a depositar una moneda para ver los movimientos de cada personaje.