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Ribera
Torresandino

Antes de los tractores

I.M.L. / Torresandino - domingo, 1 de agosto de 2010
La Fiesta de la Cosecha se consolida en su segunda edición al contar con una relevante participación de voluntarios y espectadores • Los cascones recuperaron por un día las labores del campo a la antigua usanza

Al que madruga, Dios le ayuda. Eso debieron pensar los que se incorporaron a la celebración de la II Fiestas de la Cosecha en la localidad ribereña de Torresandino. Aquellos que empezaron la tarea de segar a mano, con su hoz y su zoqueta se fueron acostumbrando poco a poco al justiciero sol que caía como plomo en la pequeña parcela reservada para recuperar las labores de la recogida del cereal tal y como se realizaban antaño.

La segunda convocatoria en torno a las labores del campo cerealístico en el municipio cascón, emitida por la Asociación de Amigos de Torresandino, superó la del estreno de esta actividad y hubo manos suficientes para poder culminar la siega a tiempo para disfrutar del almuerzo. Pero antes se emplearon a fondo en el atado de gavillas con vencejos. Mientras tanto, los aguadores paliaban la sed de los labradores y las mujeres espigaban el rastrojo. Algunas utilizaban sus mandiles para guardar el ramillete de espigas que habían recogido, algunas trenzadas o atadas con hierbas y flores silvestres, y otras lo portaban en la mano con orgullo.

cargar y a almorzar. El siguiente paso era cargar los haces en un carro, de los de antes, hecho con estacas, y que estaba tirado por dos machos. Como si fuese una fotografía antigua, los curiosos que se agolpaban en la sombra para no perderse ni un detalle, vieron como los atareados agricultores por un día cogían con fuerza las hoces para ensartar los haces e ir cargándolos en el carro hasta levantar varios metros al mañoso vecino que se encontraba en lo alto colocándolos para que no cayeran al suelo otra vez, y sufriendo el sol justiciero.

Durante todo el proceso, las mujeres no dejaron solos a los labradores y les animaron con las canciones que sus abuelas entonaban en las eras. Allí todo se realizó a la vieja usanza, con los protagonistas y actores secundarios correctamente ataviados con ropa de labranza, los animales de tiro acarreando el carro de estacas y las herramientas hechas de hierro y madera. Los únicos que recordaban que ya hemos dejado atrás el siglo XIX eran los múltiples fotógrafos y reporteros aficionados que se movían entre el grupo para no perderse un detalle con sus cámaras digitales.

Sin rastro alguno de la sombra de un tractor, los participantes utilizaron las de los árboles cercanos para sacar el fardelillo y la fiambre para almorzar, refrescarse con el botijo o la bota y tomar fuerzas para enfrentarse a la labor que aún quedaba por delante: descargar, desbalagar los haces, preparar la tendedura, trillar, tornar la mies, hacer la parva con la camizadera, barrer y envasar el grano recogido en sacos.

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