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Ribera

Por y para Aranda

I.M.L. / Aranda - domingo, 28 de febrero de 2010
Acaba de cumplirse el centenario del nombramiento del arandino don Diego Arias de Miranda como ministro de Marina bajo la presidencia de José Canalejas • Este político nunca olvidó su comarca natal y se volcó para mejorar todas las infraestructuras

La comarca de la Ribera del Duero no sería lo que es ahora si no hubiese existido un hombre como Diego Arias de Miranda y Goitia, conocido por todos como don Diego. Él siempre recibió en vida el agradecimiento de sus convecinos y, tras fallecer, se volcaron para que quedase constancia, en monumentos perennes, de su generosidad para con la tierra que le vio nacer.

Hace ahora cien años, el 9 de febrero de 1910, don Diego alcanzó la plenitud de su carrera política, llegando a ministro de Marina. Hasta ese momento, este arandino ilustre tuvo una dilatada carrera política, volcada en aportar las mejoras posibles para el desarrollo de la tierra donde nació y vivió.

recorrido vital. Diego nació el 1 de diciembre de 1843 en la casa familiar la plaza del Trigo de la capital ribereña. Tras estudiar el bachillerato en el Real Seminario de Vergara y Derecho en la Universidad Central de Madrid, se doctoró en Derecho Civil y Canónico, especializándose en Derecho Administrativo.

En 1868, le nombraron alcalde de Aranda de Duero, iniciando así su andadura política que saltó al ámbito nacional en 1872 cuando fue elegido diputado por el distrito de su localidad natal. Durante el período que dio paso a la I República destacó, además de por su juventud, por la defensa de las cuestiones que preocupaban a los municipios de Castilla.

De regreso a tierras arandinas, dejó de lado su carrera de abogado y se encargó de capitanear la tropa de voluntarios contra las huestes carlistas. De forma simultánea, desempeñó la dirección del colegio de segunda enseñanza de Aranda, el único que existía. En 1876 se casó con Mercedes Berdugo y Ortiz, emparentando así con una de las familias arandinas más distinguidas. Su esposa falleció el 26 de marzo de 1900, a los 46 años, dejándole con los dos hijos que le sobrevivieron, Santos y Josefina, ya que también tuvo otra niña, María de las Viñas, que falleció con tan solo 13 meses de edad.

A pesar de sus importancias vivencias personales, su familia sigue recordando la ingenuidad que caracterizaba a don Diego y la importancia de su figura como pilar principal de la estirpe. «Era el centro familiar, todos se reunían en torno a él y no hacía distinciones de clases, hasta tal punto que ayudó a jóvenes para seguir la carrera eclesiástica, o de maestro, o de Medicina, o de Farmacia», relata Josefina Martín Berdugo, sobrina biznieta del ilustre arandino.

En 1888, con su amigo José Canalejas como ministro de Fomento, es nombrado director general de Obras Públicas, lo que aprovechó para promover el ensanche del puente sobre el Duero en Aranda y la construcción de todas las carreteras del distrito. Él decía con orgullo que sólo existían dos núcleos de población sin carretera adecuada y mejorada en toda la comarca. «Como las normas de entonces no permitían unir por carretera un pueblo y una ciudad, hizo que la carretera a Palencia -actual CL-619- empezase en la estación Chelva», recuerda Miguel de Ribera, otro sobrino biznieto de don Diego.

agua para la zona. A su iniciativa se debe también el canal de la Reina Victoria Eugenia, inaugurado en 1906, que permitía el riego de más de 3.500 hectáreas en la comarca, y la creación de la colonia "La Enebrada", que convirtió en propietarios a 40 jornaleros de escasos recursos. Todas estas iniciativas llevaron al Ayuntamiento a declararle hijo predilecto de Aranda de Duero.

Era miércoles de ceniza de 1910, el 9 de febrero. Diego Arias de Miranda es nombrado ministro de Marina. Llama la atención que alguien procedente de una zona tan poco marítima como Aranda se haga cargo de este ministerio. «Cuando le nombraron ministro de Marina, sorprendió porque no era hombre de mar, pero sus elección se debió a la integridad que había demostrado en sus anteriores obligaciones», explica Lidia Guillén Deogracias, esposa de Miguel de Ribera.

En 1912 cambió a la cartera de Gracia y Justicia. A lo largo de su amplia trayectoria política atesoró importantes distinciones. Falleció en Madrid el 28 de junio de 1929. Pese a su avanzada edad, la muerte fue repentina ya que hizo vida normal hasta la víspera. Tenía previsto trasladarse a Aranda dos días después para pasar aquí el verano.

Su funeral, presidido por el abad de Silos en la iglesia de Santa María fue multitudinario. Una muestra de la gratitud que le profesaban sus paisanos, que también se la demostraron en vida.

Nada más morir surge la idea de erigir un monumento como testimonio permanente de agradecimiento. El grupo escultórico se encarga a Emiliano Barral, uno de los principales escultores del panorama artístico español del primer tercio del siglo XX, tras ganar el concurso de ideas que convocó el Ayuntamiento arandino para tal fin. La obra se sufraga mediante suscripción popular, destacando las 5.000 pesetas que aportó el Ayuntamiento y las 1.000 de mismísimo Alfonso XIII.

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