La residencia tiene capacidad para 110 residentes, más 20 en el centro de día.
Apenas un mes y medio después de que la residencia de ancianos Virgen de las Viñas de la capital ribereña fuera inaugurada por el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, la polémica ha salpicado a este centro asistencial, construido por la Administración regional y cuya explotación fue adjudicada a la empresa Domicilia Gestión SA, perteneciente al Grupo Norte, por 10 años.
Las denuncias realizadas por familiares y ex empleados sobre las carencias de personal y la investigación al respecto iniciada por DB han llevado a la Administración regional a obligar a la firma gestora a completar la contratación de la plantilla del centro esta misma semana.
Inspectores de los Servicios Sociales autonómicos se personaron el pasado viernes en la residencia y según fuentes de la Junta a raíz de la inspección a día de ayer las deficiencias habían quedado subsanadas. Pormenorizando más, las mismas fuentes, señalaron que solo quedaba por contratar una enfermera y un psicólogo debido a las dificultades existentes en la actualidad para encontrar profesionales de este sector y dos de los servicios que se prestan, la cocina y la lavandería, habían sido sucontratados por la adjudicataria, con lo cual ya no dependía de ellos cubrir esos puestos de trabajo.
Familiares de residentes y ex empleados habían denunciado las supuestas malas condiciones en las que, a su juicio, se estaba prestando este servicio a consecuencia, básicamente, de la escasez de recursos humanos con que se realizaba.
En concreto, según relataron algunos de los afectados a Diario de Burgos, de los 89 trabajadores que como mínimo tendrían que componer la plantilla, como recoge el pliego de prescripciones técnicas que rige el contrato de gestión del servicio, la semana pasada faltaba por cubrirse práctica- mente la mitad, en total 44.
Entre ellas, destacaron las graves carencias del departamento sanitario. Hasta hace unos días no había médico ni psicólogo, pese a que las bases exigen un equipo compuesto por tres profesionales, y de las seis enfermeras que deben emplearse para garantizar su presencia durante las 24 horas del día, sólo había una, y en ocasiones dos a tiempo parcial.
Esta situación fue constatada por los responsables del Hospital Santos Reyes. «Lo único que nos consta es que, al menos hace dos semanas, no había médico ni enfermera», confirmó el gerente del centro sanitario arandino, Santiago Rodríguez, a preguntas de esta redacción, explicando que ante la llegada de ancianos sin ningún informe facultativo previo, desde la Dirección Médica se contactó con la residencia, desde donde se reconoció que ningún galeno prestaba servicio aún en ella.
Esta carencia sería la causante de otras irregularidades, ya que no había quien supervisase los menús que se elaboran para los residentes, tal y como obliga el contrato que hay que hacer cada semana. De hecho, indicaron, que era frecuente que ni siquiera se informara de ellos con las 24 horas de antelación a que están obligados.
Pero el déficit de trabajadores no afectaría solo a esta área, sino que sería una situación generalizada. De nuevo según los datos facilitados por los familiares de los internos, la semana pasada aún faltaban, entre otros, un trabajador social, dos fisioterapeutas, un terapeuta ocupacional, y el único que había estaría contratado como animador, 20 auxiliares de clínica y 10 camareras limpiadoras.
Problemas sobrevenidos
Problemas a la hora de levantar a los ancianos, de lo que tendrían que ocuparse trabajadores de manera individual en lugar del mínimo de dos que establece el protocolo, sería solo una de las consecuencias de esta escasez de personal que, en general, para los denunciantes, se traducía en una cierta desatención a los ancianos.
De hecho, subrayó uno de los afectados, el poco personal de que se disponía impedía supervisar exhaustivamente el comedor y vigilar que los residentes ingirieran la comida necesaria, lo que ha provocado que se hayan tenido que derivar varios casos de desnutrición y/o deshidratación al hospital comarcal. «A mi madre, como no la daban de comer, no comía. Se lo ponían delante pero como no podía, pues nada. Le han dejado sin comer ni beber. No se hace ni con un perro. Es criminal. Al día siguiente, al hospital, donde llegó con un cuadro severo de deshidratación, desnutrición e infección de orina», relató.
N i Grupo Norte ni la dirección del centro han querido atender a las reiteradas peticiones de información sobre este tema realizadas por esta redacción.