Los K-Skas demostraron su maestría musical sobre el escenario.
Al final, la convocatoria precipitada del I Concurso de Grupos Arandinos para hacerla coincidir con las jornadas festivas no dio tan mal resultado. De los tres primeros candidatos que estaban apuntados antes del inicio de las fiestas patronales, en seis días se multiplicaron por dos las formaciones participantes, llegando a subir al escenario ubicado en el Centro cívico Virgen de las Viñas hasta seis grupos diferentes, muy diferentes entre sí.
A la espera de comprobar lo que ofrecían cada uno de los candidatos a la victoria, más de un centenar de jóvenes se congregaron en el recinto y permanecieron atentos a las actuaciones, ya que su opinión también iba a ser tenida en cuenta. Para sumar a las votaciones del comité de expertos, después de cada actuación se midieron los decibelios de los aplausos con una tecnología apropiada para ello. En juego estaban los 800 euros del premio.
Los primeros en saltar al escenario fueron los más veteranos, Andrés Garrasparri et Petit Comité, que empezó a caldear el ambiente con sus temas de cantautor. Sus estrofas dieron paso a los versos del dúo de raperos Farlin, que cedieron su lugar en el escenario a Los K-Skas, ataviados con corbatas y borsalinos para dar rienda suelta a sus composiciones de funky y, por supuesto, de ska. La segunda mitad de las actuaciones contó con la participación de Alianzas Vocales, un cuarteto de raperos; el rock gótico de La Sonrisa Invertida, y el indie pop de El Gato de Escayola para cerrar la sesión.
Sana curiosidad
El público esperaba con ganas las particulares versiones de Mi gran noche, de Raphael, tema de obligada interpretación y que los grupos ejecutaron, con mayor o menor fortuna. Tras la última actuación, el jurado deliberó y coincidió con el veredicto del público expresado a través de los decibelios de sus aplausos y otorgó el premio a Los K-Skas, que llegaron a los 113.
Esta formación está compuesta por ocho músicos, todos ellos amigos que, hace tan sólo cuatro meses, decidieron formalizar lo que, hasta ahora, eran sesiones improvisadas de música para los amigos. Desde entonces, además de algún que otro concierto para un número reducido de privilegiados con las bodegas subterráneas como escenario, han actuado en la localidad segoviana de Riaza, en Terradillos de Esgueva y en el festival Spina Runk.
De sus integrantes, la mitad cursan estudios de música, dos ya de Grado Medio, mientras que los otros dos han participado en la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Su repertorio, basado en ritmos funky y ska, tiene su base en versiones de temas conocidos ya que las composiciones propias las han incluido para este concurso. Quien sienta curiosidad, podrá comprobar su arte el próximo 27 de septiembre en el bar Soho, de la capital ribereña.