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Provincia
Valle del Arlanza / Infraestructuras históricas

El agua contra la piedra

diariodeburgos.es - miércoles, 5 de enero de 2011
Raúl Fernández González, salense licenciado en Geografía e Historia, estudia la arquitectura de los puentes sobre el río Arlanza en los siglos XVI y XVII

De entre las ideas que dieron forma al Estado centralista de los Austrias, la victoria frente a las fuerzas de la naturaleza resultó la más exaltada. En medio del complejo científico y técnico de los españoles, y pese a las críticas vertidas desde fuera -como las enunciadas ferozmente por la Condesa D"Aulnoy-, el humanismo hispano arrojó una luz propia y cierto compromiso recurrente.

Bautista Antonelli, un raro polizón en la ingeniería de su tiempo, aportó una visión global de las obras hidráulicas. Y se convirtió sin quererlo en un honesto referente para ese Consejo de Castilla que empezaba, desde mediados del siglo XVI, a dar una nueva lectura a sus construcciones públicas.

A cambio, y ahí viene el redoble, hubo que sortear el escollo del fraude, cuando la corrupción zumbaba a pleno rendimiento por la administración del Estado. Ya los Reyes Católicos trataron de atajar por diferentes trochas ese conchabeo entre corregidores, maestros y veedores. El asunto se les acabaría, a unos y a otros, yendo de las manos. Doy verbo aquí a un memorial redactado el 1 de junio de 1588 por cuanto significaron «los inconvenientes grandes que resultan de los repartimientos que se hazen en el reyno, para las fábricas y reparos de las puentes, y suplicándole mande poner remedio en ella».

Pero nada desfondó a los tercos especuladores. En ese territorio imaginístico de corrupción, concitaron a un agente en la Corte a quien adjudicaban un buen sueldo para que informase de la necesidad de solicitar más dinero para las obras. Hoy se discute con razón los remedios puestos entonces, pues la corrupción no cesó. Cierto es que Juan Barco Bonifaz, Depositario del Adelantamiento de Burgos, fue condenado a galeras por los fraudes cometidos; o que Pedro de Herrera, depredador a tiempo completo, desplegó sus malas mañas para quedarse con la mitad del dinero destinado a cada puente; o aquel extraño y fascinante Juan de Celaya, del que aún se recuerda cómo escapó formidablemente de la justicia.

Los maestros arquitectos, profesionales liberales con altos beneficios, buscaron desde sus comienzos (Ruiz, Vandelvira, Herrera) la complicidad humanista entre ciencia y técnica, manejando una serie de proyectos que por mucho tiempo permanecieron inéditos. Quizá por ello la tecnología arquitectónica de los puentes arlantinos no abandonó nunca ese origen autóctono del que ni arquitectos ni maestros supieron (o quisieron) escapar enteramente. En ese cerrado ámbito seudogremial, los canteros -trasmeranos en su mayoría- se mantuvieron descolgados de genialidades estilísticas, y se pusieron a los pies de una tradición centenaria que daba la espalda a las generosas innovaciones de Lastanosa.

La visión de Diego de Siloe

La reunión de arcos de medio punto rebajados, los tajamares en forma de huso, el perfil alomado de la rasante de la calzada... responde todo a la visión de Diego de Siloe, quien ya había desarrollado un refinado interés por los ingenieros napolitanos a los que tanto admiraba.

Contra los muchos desarreglos provocados por las riadas de 1589 y 1590 el Consejo de Castilla quiso poner sobre el tapete medidas más coordinadas, más productivas, más reales. Arias de Tapia ordenó una investigación en octubre de 1590 sobre los puentes de «çacuar la del canto Lerma Castrillo Alconete tariego torreçilla Tortoles arlançon cascajares castrovidrio Villamiel barvadillo Cobarruvias ybeas Villaverde melgar rrosillos Ulloa Santisteban Arlança...».

Un mes después el mismo licenciado informó al Consejo de haberse visitado determinados puentes faltando aún «las puentes de ornillos Palacios de la Sierra orlense melgar de yuso quitero de la puente...».

Pero las graves riadas de entre 1646 y 1649 fulminaron un buen número de puentes y calzadas burgaleses. Otros desastres naturales, además de los males endémicos de la burocracia, cargaron sus balas contra la solución de los problemas.

Modernidad e inversión en caminos

Aunque no todo se lo llevó la corriente. De hecho, durante los siglos XVI y XVII la modernidad en España actuó como eje: las poblaciones comienzan a romper su costura medieval, una novedosa infraestructura hidráulica empieza a tomar posiciones en la vida cotidiana y la red viaria abriría ahora nuevas oportunidades. Merece la pena recordar que fue la provincia de Burgos la que mostró el mayor poderío en eso de invertir en caminos. He aquí unos de sus síntomas mejores: aquel esfuerzo casi volatinero de Bustamante de Herrera por explorar, en 1549, las posibilidades de navegación de importantes ríos castellanos. Entre ellos el Arlanza.

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