Un torbellino de energía abre la puerta de la panadería de Humada. Marcelina Pérez muestra a la primera de cambio un envidiable sentido del humor; se nota que está acostumbrada a tratar con gente, a ganarse la vida desde muy joven y a luchar contra viento y marea. Igual por esa personalidad la "invitaron" a encabezar la lista de las elecciones del 79: «Vinieron a mi casa y me pidieron el carné de identidad para presentarme como alcaldesa». Así fue como llegó al Ayuntamiento de Humanda, donde ha estado como regidora, en distintas etapas, 16 años.
De aquella primera legislatura recuerda la «falta de experiencia», pero también la «gran ayuda» que recibió para gobernar el municipio. Porque la situación económica con la que se encontró no augura un buen futuro: «Cuando yo entré no había nada hecho, ni alumbrado, ni teléfono, ni pavimentación. Y menos, dinero».
Con este panorama empezó a trabajar para paliar las principales necesidades en la medida de lo posible. Una tarea nada fácil por la que «lloré mucho» al ver que no podía hacer todo lo que quería. Pero de aquella experiencia aprendió a «tratar con la gente» y confiesa que nunca encontró traba alguna por su condición de mujer. «Los vecinos del pueblo siempre me ha respondido bien y en los 16 años que estuve de alcaldesa no perdí un cliente», subraya con orgullo.
Aquella primera legislatura tuvo para Marcelina un significado especial al ser testigo de un «cambio espectacular». «Se pasó de no poder hablar a tener libertad y por fin se empezó a valorar a la mujer», recuerda, no sin antes mencionar el susto y la incertidumbre con que vivió el golpe del 81.
Después de aquellos años cogió cierto gusto a la política, pero nunca con mayores aspiraciones aunque se lo propusieron en varias ocasiones: «Yo ante todo era panadera». Ahora ya jubilada no se atreve a dar consejos a las nuevas generaciones de mujeres. «No estoy para dar consejos, igual sí para recibirlos».