Habla de forma pausada, como si antes de pronunciarse confirmara la página de su memoria en la que va a detenerse. Será porque María Candelas tiene hojas de recuerdos como para una novela. A sus 71 años vive en su Saldaña de Burgos natal, en la casa que primero fue de sus abuelos y después de sus padres. Transmite tranquilidad y sosiego, y se pregunta continuamente qué es lo que ha hecho para que queramos entrevistarla.
Pues ser una de las siete primeras alcaldesas democráticas de la provincia, además de una mujer adelantada a su tiempo e independiente por encima de todo. «Era una época de cambio hacia la libertad y la vida en general y no me importaba probar; hacer algo por el pueblo», subraya. No obstante, reconoce que fueron cuatro años «muy difíciles», donde tuvo que escuchar comentarios machistas, del tipo "mejor estarías fregando", y vencer la impotencia de no poder suplir todas las necesidades de su pueblo. A pesar de ello, recuerda orgullosa la colocación del alumbrado, la renovación del agua o la apertura de la bolera.
En el lado "bueno" de su bagaje político sitúa el trato con la gente y la ayuda que recibió en las tareas municipales. Pero la política no era lo suyo, y tras cumplir la primera legislatura, con el susto del golpe de estado incluido, decidió dejarlo: «Me afectaban las críticas y lo pasaba mal. Hay que tener un carácter especial».
El trabajo ha sido su forma de vida. Empezó con 17 años y enseguida decidió probar suerte en Barcelona. De allí saltó a Inglaterra, motivada por el aprendizaje de idiomas, después a Lloret del Mar, con estancias en Francia, hasta que regresó a Burgos por razones familiares. Pero aquí tampoco se ha parado. Se jubiló hace pocos años siendo gobernanta del Landa. Ahora, desde su casa de Saldaña mira al pasado y compara a aquellas mujeres de su época con las actuales, «mucho más preparadas». No las envidia, porque «siempre he hecho lo que he querido», pero las anima a «seguir luchando sin extremismo ni odio».