De nuevo la Villa vistió sus calles y Plaza Mayor con colchas y colgaduras para dar la bienvenida al desfile barroco que por décima vez presidieron el Duque y Duquesa de Lerma. Ayer, y hoy, como hace tres siglos, el ruido de carracas y petardos acompañan a diablillos y tarasca que siembran el caos entre los mayores y llenan de temor a los más pequeños.
Las dulzainas pregonan la fiesta que malabares y zancudos se encargan de visualizar. Gigantones de distintas razas y enanos danzarines, acompasados por el sonido solemne de timbales, simbolizan la adhesión de los distintos pueblos al Duque de Lerma. Cerraba el cortejo la nobleza cortesana: más de 30 personajes con un vestuario deslumbrante por su belleza y primorosamente confeccionado por los miembros de La Hormiga, dirigidos por Antonia Álvarez con el asesoramiento de un especialista en el Siglo de Oro, como Pedro Aguilar, en otro tiempo director del festival de Almagro.
La nobleza desfilaba con gallardía y ostentación y nos deleitaba con las danzas que, después de los cursillos realizados en Pineda de la Sierra y dirigidos por una de las especialistas mejor preparadas de España, la aragonesa Pilar Montoya, Begoña López se ha encargado de ensayar.
Al tratarse de un reconstrucción histórica, La Hormiga ha buscado en todo momento la fidelidad al pasado, documentando cada elemento festivo, sin olvidar la espectacularidad , belleza y atractivo para el espectador de hoy.
En la Plaza Mayor hubo una exhibición de malabares realizada por jóvenes y niños del pueblo. Merecieron un especial reconocimiento y aplauso un grupo de doce niños, muy niños, que con entusiasmo nos mostraban su habilidad con el diábolo. David, un adolescente de la localidad, ha sabido animarlos y enseñarlos y hoy se sentía orgulloso de sus chavales. Palos chinos, cariocas y su bella coreografía, pelotas y mazas completaban la actuación. Al final subía al escenario la nobleza para recordarnos cómo era el vestuario y la danza cortesana en el XVII.
Por la noche, en la Plaza de Santo Domingo, y tras guardar un minuto de silencio por los últimos atentados, La Hormiga volvió a entusiasmar a su público con la puesta en escena de Mariana Pineda, de Federico García Lorca. Con un montaje sencillo y simbólico, en el que la bandera republicana está siempre presente, basándose en la iluminación y aderezada de algunos cuadros escénicos de gran belleza plástica y canciones interpretadas por Maite Díez, los actores rayaron a gran altura. Marta Leiva estuvo extraordinaria en el personaje de la heroína granadina, Luis Orcajo supo representar con gran acierto y destreza dos personajes totalmente distintos: Pedro y Pedrosa. Ricardo Revilla dio a Fernando el sentimiento y dramatismo apropiados. Charo Álvarez movió la escena con gran habilidad y Juli Pérez supo sacar partido a un texto sin mucho papel. Totalmente creíbles en su papel las monjitas y conspiradores y no digamos las jovencitas que llenan de alegría el escenario: Sara Díez y Miriam Lamas. Hasta los niños: Cristian y María sobresalieron en esta noche de teatro. L afunción tuvo que parar a la media hora para que los servicios médicos atendieran a un espectador.
Hoy sábado es el día grande de la fiesta y, además de estos actos, habrá teatro de calle toda la tarde hasta la hora del espectáculo de la noche, con danza, malabares de fuego, correfuegos y pirotecnia con diablos, rueda y tarasca, un espectáculo de calle del grupo Guirigay y fuegos artificiales.
El Ayuntamiento de Lerma organiza esta Fiesta Barroca, La Hormiga se encarga de su realización, pero la fiesta barroca es tan grande que no sería posible sin la colaboración de asociaciones y vecinos. Amas de Casa, Asociación el Arco… son muchos los que de una u otra forma colaboran en ella. Merece la pena el esfuerzo.