Castrillo de Murcia se viste de blanco para celebrar su fiestas del Colacho. Los mantos bordados a mano con algunas iniciales que caen de las balconadas contrastan con aquellas telas que piden el cierre de la central eólica, en las proximidades de este pueblo de 274 habitantes colindante con el Camino de Santiago. En esos mismos puntos, diez en total, se alzan pequeños altares con uvas, vino y agua en los que descansa la custodia, que desfila bajo palio.
Se cubre el rostro con una máscara que se quita para saltar; lleva en la mano izquierda un enorme castañuelón y en la derecha un palo rematado con una cola de caballo y viste vivos colores, es el colacho. Como si de una carrera de obstáculos se tratara, un treintena de colchones con cuatro bebés de menos de seis meses en cada uno de ellos, se colocan en las calles y plazas de la localidad para recibir el salto protector que les aleje de las hernias, que en la Edad Media se atribuían al demonio.
Segundos después de los primeros repiques de campanas que acompañan a la procesión comienza una sinfonía de llantos difícilmente acallable, aunque las madres intentan, con sus sonajeros, calmar a las criaturas, y a ellas mismas, que no las tienen todas consigo. Tan rápido han llegado las buenas noticias que cada año participan bebés que llegan desde más lejos, así, Mencía y Albian, de tres y cuatro meses respectivamente, viajaron desde Murcia para vivir la experiencia burgalesa, otra cosa es que la recuerden.
Tampoco es fácil ser colacho o atabalero en estas fiestas, Ismael Villaverde y Julio Manso Dueñas encabezan una lista de espera bastante larga, y por fin, este año han podido hacer su sueño realidad, el de brincar sobre los bebés para librarles del mal y el de dar continuidad a esta cita anual que nació en 1621. Tras el salto protector niños y niñas de primera comunión lanzan pétalos de rosa, mientras los bebes reciben la bendición del Santísimo. Sus madres, entonces, respiran tranquilas.
Fenómeno mediático
Muchas son las voces que llevan tiempo echando de menos aquel carácter litúrgico del colacho, ese que hoy se ha dejado de lado para dar paso al sentido más folclórico y mediático de la fiesta. Al menos cinco canales de televisión de carácter nacional e internacional, como "National Geographic", estaban ayer en Castrillo de Murcia, por no hablar de la cantidad de cámaras de fotos que, a flash por segundo, retrataban a los infantes.