Los peores augurios sobre la repercusión que tendría la reapertura del servicio ferroviario Madrid- Aranda-Burgos en las condiciones planteadas por Renfe se vieron ayer confirmados con creces al paso del primer convoy por la estación de la capital ribereña después de cinco meses de inactividad. Hasta con 65 minutos de retraso llegó el Talgo que había salido de Chamartín a las 14:30 horas, haciendo su entrada bien pasadas las 17:30 en los andenes de El Montecillo, donde solo se encontraban operarios de la compañía ferroviaria, periodistas, representantes de la Plataforma Ciudadana por el Ferrocarril y algún curioso.
La razón de esta demora parece estar en los consabidos problemas con el Control de Tráfico Centralizado (CTC) existentes en la sierra norte de Madrid y cerca de Campo de San Pedro. Los robos de cable que se sufren por la zona obligan a que los trenes circulen por los núcleos urbanos a la mínima velocidad posible, en torno a los 50 kilómetros por hora.
El principal perjudicado de esta situación fue el único viajero que hizo uso del servicio. Acompañado exclusivamente por el personal del ferrocarril; maquinista, interventor, mecánico y camarero, realizó todo el trayecto entre Madrid y Burgos. Sin embargo, uno de los aspectos más publicitados por la operadora como mejora, la conexión con los Alvia hacia Bilbao y Hendaya, quedó sin efecto ya que la hora larga de retraso del Talgo impedía coger un convoy que sale 50 minutos después de la hora oficial de llegada del Directo.
Como nota curiosa, destacar que, salvo incorporación de última hora, el tren de vuelta realizó todo el trayecto de vacío.
REUNIÓN EN ALCALDÍA. Sin que se hubieran producido aún estos hechos, el alcalde de Aranda, Luis Briones, se reunió ayer con el presidente de la Plataforma Ciudadana por el Ferrocarril, Daniel Gutiérrez, para analizar esta situación e intentar plantear soluciones.
En este sentido, el primer edil tildó como «error absoluto» la política de precios y horarios puestos en práctica por Renfe, que en ningún caso se ajustan a las necesidades de arandinos y ribereños, «además de que no garantizan los enlaces hacia otros puntos».
Como posibles actuaciones, el regidor adelantó que centrará sus esfuerzos en conseguir que la compañía ferroviaria garantice la implantación de unos trenes regionales que permitan enlazar de forma rápida y económica Aranda con Madrid y Burgos. Una posibilidad que consideró factible, máxime si se tiene en cuenta que ADIF acaba de autorizar la licitación de mejoras a lo largo de toda la línea del antiguo Directo por valor de 4,7 millones de euros.
Para ello, urgirá una reunión con el responsables de Media Distancia de Renfe, Juan Javier Pérez, a la que intentará que acuda también la subdelegada del Gobierno en Burgos, Berta Tricio, en la que poder arrancar algún compromiso en este sentido. Asimismo, contactará también con el director general de Larga Distancia, Abelardo Carrillo, para que hasta que la línea regional sea realidad, se ofrezca un servicio adecuado a las necesidades con el Talgo.
Solo con la promesa de la implantación de trenes regionales, a juicio de Briones, será posible acudir a la Junta de Castilla y León, con cuyo consejero de Fomento se lleva esperando más de un año una reunión y presionarla para que firme un convenio por el que asuma el déficit que pudiera generar este servicio.
Menos optimista se mostró el presidente de la Plataforma por el Ferrocarril, Daniel Gutiérrez, quien recordó que «no sería la primera ni la última vez en que se ha invertido en renovar íntegramente una línea para luego cerrarla», por lo que consideró que las mejoras prometidas no pueden ser tomadas como una garantía de futuro. Respecto a la posibilidad de implantar trenes regionales, apostó por que se lleve a cabo una importante presión brutal para que se atienda esta demanda.