Summit’, ‘Lampe’, ‘Burlat’, ‘Sunburst’, ‘Lapins’ o ‘Rainier’, son algunas de las variedades de cereza, cultivadas de forma natural en los huertos del valle burebano de las Caderechas, que pudieron degustar y adquirir los cientos de visitantes de la V Feria de la Cereza, celebrada ayer en la localidad de Salas de Bureba. Con casi un mes y medio de retraso con respecto a otras regiones productoras españolas, y pudiendo prolongarse hasta mediados de agosto, da comienzo la recogida de este preciado fruto: «Ha sido un año complicado, pero esperamos recolectar entre 100.000 y 150.000 kilos, más o menos como el año pasado», comenta Juan José Gandía, presidente de la Asociación de Productores y Comerciantes del Valle de Caderechas.
Mermelada de cerezas, cerezas en aguardiente, quesos, pan, miel y vino... son algunos de los alimentos que acompañaron ayer a la protagonista de la feria, la estrella del valle: la cereza, ‘cherry’, ‘cerise’, ‘kirsche’... cuyo precio osciló entre los cinco y los ocho euros por caja. Pero la verdadera función del certámen no es vender cerezas, sino que hay que verla como un escaparate porque en realidad se pueden vender 5.000 kilos de los 150.000 que se recogen: «La idea es que la gente se acerque al valle, vea la variedad y nos conozca», comenta Gandía.
Como en anteriores ediciones un concurso premió a las mejores cerezas, las de Miguel Ángel Arnáiz Íñiguez; al producto agroalimentario más destacado, el de la Congregación Cisterciense San Bernardo; y al ‘stand’ con mejor presentación, cuyos 180 euros fueron a parar al puesto de ‘Elena y Dani’ productores de Aguascándidas que han incorporado las nuevas tecnologías al negocio familiar, permitiendo reservar y comprar la fruta a través del móvil o la página web. Sin embargo, y aunque la modernidad no está reñida con la tradición, las nuevas generaciones coinciden a la hora de señalar que es el apego a la tierra y a la familia el único salvavidas de este sacrificado negocio que amenaza ruina debido a la despoblación: «Los jóvenes no se quieren dedicar a esto profesionalmente porque lleva mucho tiempo, sólo echan una mano a las familias los fines de semana», dice el hijo de Ángela Ojeda, fruticultora y miembro de las Marcas de Garantía.
En esta edición se distinguió a Francisco Montoya Ramos en reconocimiento de su intensa colaboración en el desarrollo de las Marcas de Garantía del Valle de Caderechas, tanto como presidente de la Diputación de Burgos, como en la Sección de Industrias Agrarias de la Consejería de Agricultura y Ganadería de Junta de Castilla y León. Completaron el evento una demostración de cocina creativa a cargo de Isabel Álvarez y un espectáculo teatral.
microclima. Situado a 850 metros de altitud en el costado noroccidental de la comarca de la Bureba, este sorprendente valle burgalés nada tiene que envidiarle al del Jerte, en Cáceres, debido a su especial microclima «porque es una zona resguardada de los vientos del norte del páramo y ha estado cubierta siempre de una vegetación autóctona muy importante» y por su sostenibilidad «porque el paisaje y el hombre han conseguido convivir en armonía, de forma que la actividad humana ha engrandecido y revalorizado el entorno», asegura Enrique del Rivero, escritor y naturalista que impartió una charla.
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