Desde hace siglos el castillo de La Picota observa desde el promontorio en el que está ubicado el quehacer cotidiano de los mirandeses que viven en los barrios de Aquende y Allende, que parecen haber olvidado la importancia cultural y artística además de la belleza de tan magnífica estructura.
Aunque pocos mirandeses parecen saberlo, su construcción, efectuada allá por el siglo XV, se enmarca con el establecimiento de la familia Sarmiento, los populares condes de Salinas, en la villa mirandesa y que fue, junto con el castillo, la causa continua de quejas de los vecinos de Miranda de Ebro.
Con el transcurso del tiempo, esta antigua edificación ha sido objeto de épocas de olvido y apogeo en las que ha marcado la historia mirandesa a pesar de resultar increíble debido a su lamentable estado actual.
Unos siglos después de su construcción, la figura del castillo comienza a perder peso en la vida de los mirandeses y ya a finales del siglo XVIII se constata un estado de abandono en progresión que ha concluido en la lamentable presencia en que ahora se encuentra esta edificación y que sólo supone, para muchos vecinos, un conjunto de piedras olvidadas.
Sin embargo, éstos no serían los últimos coletazos de esta estructura fortificada que, por su marcado carácter militar, fue la sede de las tropas combatientes de varios ejércitos y testigo de algunas de las revueltas consideradas clave para la historia del país.
Jóvenes arqueólogos. Un grupo de jóvenes arqueólogos mirandeses, algunos de los cuales ya realizaron trabajos en el yacimiento de Arce y que acometerán el proyecto planteado para La Paúl, intenta recuperar del olvido este conjunto de sillares y piedras abandonadas, que bien podrían constituir un símbolo de Miranda.
El proyecto no se presenta fácil, ya que el presupuesto necesario para la recuperación del castillo asciende a 140 millones de pesetas en un plan plurianual que se basará en una concepción estrictamente arqueológica. El plan de rehabilitación ya se ha presentado en el departamento de Cultura y ahora tendrá que ser el Ayuntamiento el que decida solicitar una ayuda a la Junta de Castilla y León.
Los trabajos irán encaminados a la integral exhumación, registro, consolidación y mantenimiento de las escasas estructuras de la edificación que todavía han resistido el paso del tiempo y permanecen en pie.
Con este proyecto, cuatro jóvenes mirandeses, Eva Vallejo, Sonia Canales, Rafael Varón y Álvaro Blanco, pretenden completar los planes que en los últimos años del siglo XX se han presentado para acometer obras de recuperación del entorno de La Picota y que pretenden acondicionar espacios para el esparcimiento de la población. La entidad y el importante valor cultural de estos restos, en su mayoría enterrados, de esta magnífica fortificación que tan presente ha estado en la historia de la villa mirandesa, bien se merece, a juicio de este equipo una recuperación, al igual que otros elementos arqueológicos, arquitectónicos y artísticos de la ciudad que muchas veces son despreciados por los vecinos.
Aunque ésta no será la primera rehabilitación que se lleve a cabo en el castillo de La Picota. El módulo de rehabilitación de la Escuela Taller acometió una intervención en el mismo entre noviembre de 1986 y febrero de 1987, pero la escasez del tiempo empleado no permitió que se ejecutase el mantenimiento necesario y una vez más, el emplazamiento se vio desplazado al olvido.
La gran cantidad de maleza que lo rodea, sólo ha conseguido sepultar una parte esencial del legado histórico de Miranda. Ahora son muchos los mirandeses que han olvidado las piedras que constituyen los restos de esta fortaleza que en su día presidía el barrio de Aquende y observaba desde la otra orilla del Ebro el de Allende.
Propuestas de actuación
El objetivo básico que se propone con este proyecto es la recuperación integral de todas las estructuras existentes del castillo, tanto las que permanecen a la vista como las que puedan subyacer bajo el terreno. Además, este grupo pretende, de llevarse a cabo este plan, consolidar lo hallado y traslada a un museo los restos.
El trabajo es arduo, ya que no se limita a la intervención in situ. En principio, sería necesario llevar a cabo un estudio exhaustivo de la documentación histórica y técnica que afecta al área para averiguar las infraestructuras que se deriven de los depósitos de agua cercanos y que puedan verse afectadas por la intervención. El segundo paso, sería la excavación de las murallas, la barbacana, los espacios interiores y las estructuras defensivas de la fortificación que, en su día, fueron el foso. Además, sería necesario realizar una serie de sondeos estratigráficos, una eliminación de toda la maleza que rodea la fortaleza y una limpieza de todos los paramentos exteriores, con el fin de evitar desprendimientos.
Una vez llevada a cabo la intervención arqueológica, se plantearía un mantenimiento integral de los materiales recuperados además de una iluminación que realzara lo recuperado. Asimismo, este equipo pretende efectuar una musealización del castillo que permita a los mirandeses contemplar esas para muchos simples piedras, que encierran un valor cultural y patrimonial incalculable.