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martes, 22 de mayo de 2012
Opinión
Tribuna libre

Marañón

José María Moncasi - sábado, 27 de marzo de 2010

Hoy, sábado 27 de marzo, se cumple cincuenta años de la muerte de Gregorio Marañón, uno de los intelectuales clave del siglo XXI. Para tal fin, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, junto con la Fundación Gregorio Marañón, la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, Asisa y la Fundación Tejerina, organizan una muestra (Gregorio Marañón. 1887-1960. Médico, humanista y liberal. Sala Recoletos, Biblioteca Nacional) que integra cuadros, fotos, cartas (más de mil cuatrocientas de su puño y letra) y hasta su laboratorio. Marañón, humanista ante todo, respetuoso e interesado por la dignidad de las personas y firme defensor de las capacidades y potenciales del ser humano, complementó su dedicación a la medicina con su faceta de escritor en el campo de la biografía, el ensayo y la historiografía, además de mostrar un enorme interés por el arte, la estructura de la ciencia, la filosofía, la historia, el hombre y la literatura, temas que trató con fino estilo literario y elegancia. Amigo de personalidades tan dispares en ideología y pensamiento -Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Federico García Lorca, Eugenio d"Ors, Menéndez Pidal, Pérez de Ayala, Manuel Azaña o Juan Belmonte -a los que Zuloaga pintó juntos en una de las joyas que se expone en la muestra, señalaba que el momento de la España de entonces (1956) se encontraba en una situación sumamente crítica, en dónde el sentimiento más frecuente del pueblo español era el deseo de convivencia: que los españoles no estén separados, que no discutan demasiado y, sobre todo, que no se maten los unos a los otros. Advertía en los jóvenes inquietudes, aspiraciones para que se establezca una auténtica concordia nacional, sin vencedores ni vencidos en la guerra. Hacedor de aforismos, solía escribir que «la sabiduría no es extensión sino profundidad. La información (que se confunde con la sabiduría) convierte al cerebro en un almacén; pero la sabiduría no es saber cosas, sino saber comprender y crear. Es una aptitud y no un amontonamiento de cosas. El que comprende una cosa y la sabe en un sentido profundo {…} es, por lo tanto, un sabio». Mucho más que un hombre de su tiempo, el doctor Marañón distinguía cuatro órdenes de categorías éticas ante la vida pública: «los que hacen política por ambición de medro personal; los que la hacen desinteresadamente, por amor al bien público y tienen que aceptar el medro para poder vivir; los que pueden hacer política desinteresadamente y no aceptan cargos públicos y; los que pueden no aceptar los cargos públicos y los aceptan. Estos, escribía el pensador, -y no los anteriores- son los mejores».

El ilustre médico y humanista, según el Rey, fue sobre todo «un gran español» y «una de las personas que más trabajaron por la libertad, la convivencia y el progreso de nuestra nación». Este humanista, que no sólo enlazó las generaciones literarias del 98, 14 y 27, sino que encarnó los valores de la libertad y el espíritu de concordia en tiempos muy duros en España, reunió en su cortejo fúnebre por las calles de Madrid (aquella mañana del 28 de marzo de 1960) a miles y miles de madrileños que reflejaron la admiración, afecto y reconocimiento que todas las Españas rendían a su figura.

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