No puede ser bueno están durante tantos meses en los papeles. Por mucho que se diga eso de «que hablen de ti, aunque sea para bien», semejante desgaste mediático no lo aguanta nadie, y menos un servicio público cuya obligación es destacar por su funcionamiento rutinario y su falta de incidencias.
Pero resulta que el Servicio Municipal de Autobuses Urbanos lleva semanas protagonizando titulares, casi todos negativos, que entre medias ha llegado un cambio de concejal y que ya no solo llegan las críticas por parte de asociaciones vecinales o usuarios despistados, sino que los propios trabajadores se ponen en pie de guerra.
Ayer el Comité de Empresa se descolgó mandando una nota expresando su «profundo malestar» con los responsables del servicio. Parece que no es solo una pataleta laboral, sino que hay marejada de fondo y que nadie es capaz de poner orden en esa casa.
Cada vez está más claro que el Ayuntamiento quiere externalizar en todo o en parte los servicios de Deportes y de Autobuses. Evidentemente, esto genera notables dosis de nerviosismo entre los empleados a los que no se les llega a explicar del todo por dónde van los tiros, y todo ello se mezcla en un cóctel explosivo que periódicamente emana gases pero que de vez en cuando pega el ‘petardazo’.
Y no hay momento mejor para pasar a la carga que el actual lío formado por Autobuses, cuando las obras perjudican el funcionamiento normal del servicio, cuando se cambian las líneas y la gente se queja o cuando el nuevo concejal está casi recién llegado y ya se ha granjeado enemigos.
El resultado es que este servicio público, que debería ser de lucimiento político y sobre todo útil para el ciudadano, se tiñe poco a poco de un color oscuro que barrunta tormenta. Quizás no sea ya en esta legislatura, pero al transporte público de la ciudad se le está poniendo una cara de privatización cada vez más evidente.