Cada día lo tengo más claro. Nadie sabe qué hacer ya con la carretera N-I, una patata caliente que se van pasando desde hace décadas los gobiernos del PP y del PSOE sin hacer nada digno de mención en esos noventa kilómetros de auténtica vergüenza para esta provincia.
Seguimos esperando desde hace años que comiencen a ejecutarse los proyectos, aprobados hace dos legislaturas y ya adjudicados, entre Monasterio y Cubo, pero de momento lo único que se aprecia en esta carretera, al margen de los múltiples baches, son unas máquinas que dicen están desplazando algunas canalizaciones paralelas a la vía. Y mientras seguimos esperando esas ansiadas obras asistimos de nuevo a la "pelea" entre los dos grandes partidos sobre quien debe pagar un peaje blando mientras duren esos trabajos que todavía no han empezado.
La propuesta de que los ayuntamientos destinen el IBI "recuperado" a la autopista para financiar los viajes de los burebanos por la AP-1 suena a broma, que la Junta y Ministerio de Fomento se pongan de acuerdo para pagar a medias ese peaje hasta que se desdoble la carretera parece tan misión imposible como que algún día se liberalice la autopista o se acabe el plazo de explotación. Siendo moneda de cambio, no sorprendería a nadie que se concediera una nueva prórroga en la concesión de la explotación de la AP-1, sería la tercera, a cambio de mover un peaje.
Aunque la situación de la carretera sigue siendo tan deplorable como hace décadas y no se hace nada, algo hemos avanzado en el mensaje político. Ayer, sin ir más lejos, ya hemos oído decir que "nunca se va a liberalizar la autopista", gobierne quien gobierne en Madrid, algo que muchos sospechaban en La Bureba, a pesar de las promesas electorales de unos y otros.
Ni liberalización ni peaje blando, ni tampoco desdoblamiento, salvó que el nuevo ministro de Fomento quiera pasar a la historia como el que solucionó en problema de N-I, cosa que dudo.