Los constantes y confusos anuncios sobre cambios de la red de autobuses urbanos, horarios, números y hasta nombres de las líneas tienen al personal de a pie muy confundido, desorientado y, lo que es peor, cabreado, como lo demuestran las movilizaciones vecinales de Eras de Gamonal. No es para menos. La sinfonía del caos autobusero, que iniciara hace tiempo el concejal Diego Fernández Malvido, sigue sin ser arreglada por el concejal Esteban Rebollo, un técnico de Tráfico, que venía avalado con las mejores credenciales orquestales y con el objetivo de poner un poco de orden y concierto en este servicio, pero no parece que acabe de dar con los acordes para que la partitura suene bien. Ya no solo es el bus de la estación, ahora hay complicaciones añadidas; vamos, que se sigue sin tener una solución clara y, sobre todo, definitiva a pesar del tiempo transcurrido.
Y es que en este enmarañado y espinoso asunto hay múltiples aristas. Las responsabilidades no solo habría que buscarlas en los políticos, sino también en los técnicos del propio servicio, incluido el gerente. En este punto bueno sería conocer si sus opiniones no han sido tenidas en cuenta o, por el contrario, no están haciendo bien sus deberes. Lo cierto es que se sigue parcheando aquí y allá, con algunas modificaciones y cambios cuya efectividad está en entredicho.
Y es que en esta ceremonia de la confusión, tampoco está ayudando la liosa información que se facilita a los usuarios por los diversos canales municipales. Además, cambiar la denominación de líneas como la del G-3 por Marqués de Berlanga o G-2, por Vicente Aleixandre añade un plus de enredo innecesario habida cuenta de que no todos los burgaleses saben dónde están estas calles. Basta con acercarse a una parada para ver la desorientación ciudadana y subirse a un autobús para palpar el malestar vecinal, especialmente en Gamonal norte, Villímar y otras zonas que se sienten perjudicadas. Esperemos que los cambios anunciados para el lunes mejoren la situación.