Recientemente he escuchado a una persona que ha ostentado altos cargos en entidades financieras en Burgos, ahora jubilado, que para el desarrollo de un territorio es necesario dedicar tiempo, esfuerzo y dinero a las infraestructuras y la educación. Comparto con él tal afirmación. De lo primero, en este periódico les contamos prácticamente día a día el avance, a veces lento, otras rápido, de la mayoría de los proyectos con que nos encontramos en esta provincia. Es cierto que hemos prosperado mucho, pero no lo es menos que ha sido de forma muy lenta, pasito a pasito; baste recordar los más de mil días de paralización del túnel de la ronda norte, la espera para las circunvalaciones, todavía pendiente la noroeste, o cómo están dejando perderse la línea del tren entre Madrid y Burgos pasando por Aranda, cuando en ese momento no reivindicamos en el Plan Viaria de forma contundente un recorrido directo. Es justo reconocer que pese al retraso contamos ya con el desvío ferroviario o el aeropuerto, por citar dos de las obras finalizadas más recientes.
Es, sin embargo, la educación la clave para el futuro de Burgos, la formación de jóvenes y mayores, la preparación que reciban, no sola la específica para su trabajo, sino también para la vida. Y en la grave crisis económica en que nos encontramos, la educación universitaria es aún si cabe más importante. En la mejora de ella debemos implicarnos todos los ciudadanos, los casi 400.000 habitantes de la provincia de Burgos frente a los 10.000 estudiantes del campus burgalés. También habrá que exigir a los dignatarios de la UBU autocrítica y exigencia, que no se permita dudar que lo único que preocupa a sus docentes es su propia pervivencia en asignaturas o carreras que no cuentan con los suficientes alumnos o alicientes para su mantenimiento. La Universidad de Burgos es la última de las cuatro universidades públicas de la región, por ello parece que mereciera un mayor apoyo por parte de la Junta de Castilla y León. No es de recibo entonces la diferencia abismal existente entre la propia Universidad burgalesa y las tres restantes en el reparto de los fondos o carreras, y valga un ejemplo; para los contratos programa, mientras Burgos recibía 35 millones de euros, León contará con 57 millones, Salamanca con 126 y Valladolid asume 128 millones. Seguro que los cálculos serán proporcionales a su personal, pero no todos los hijos, por mucho que los queramos igual, merecen el mismo trato, sino a veces desigual, en función de su situación, edad, necesidades, etc. Bien es verdad que a los 350 millones de euros que reciben las 4 universidades cada año habrá que sacarles más rendimiento.
Es cierto que la UBU no ha mostrado todavía su apuesta por el futuro, el escaso número de doctores que existen evidencia que algunos profesores miran más a su actividad privada que a la pública, a pesar del impulso reciente dado a todo el área de investigación, y la apuesta por Atapuerca y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, que todavía debe concretarse. La UBU debe ser una tarea de todos para el futuro.