Cualquiera con dos dedos de frente entiende que hay que andarse con mucha cautela en las relaciones con Hugo Chávez. Preside un país con el que nos unen importantes lazos económicos, afectivos, históricos y culturales y cualquier tipo de distanciamiento con el caudillo venezolano puede provocar graves consecuencias, que generalmente sufren los centenares de miles de españoles que residen y trabajan en ese país. Pero todo tiene un límite. Las tragaderas del Gobierno español deben terminar en algún momento, es inadmisible que continuemos poniendo, una y otra vez, la otra mejilla, porque no solo nos han partido la cara, sino que, ante nuestra cara partida, Chávez ha sacado pecho, nos humilla y avanza en sus diatribas contra España, sus dirigentes y sus ciudadanos.
Cuando un juez acusa a un régimen de connivencias con ETA, la respuesta no puede ser pedir a los servicios jurídicos oficiales que analicen minuciosamente el auto del juez, mientras se templan gaitas con ese régimen. Lo de menos es si Moratinos llamó a Chávez para pedir disculpas, pedir explicaciones, o darlas. Lo grave es que Chávez ha vuelto a mojarnos la oreja, primero insultando y después al lograr que el Gobierno español firme un documento conjunto en el que los dos países se comprometen a luchar contra el terrorismo y se da a entender que el auto del juez Velasco necesita ser revisado.
Pues anda que Chávez no ha dado pruebas de amparar a grupos terroristas... Su apoyo a las FARC está demostrado hasta la saciedad; Uribe cuenta con datos exhaustivos que ha llevado a todos los foros internacionales. En cuanto a ETA, las autoridades españolas llevan años diciendo que el único país que todavía se resiste a colaborar con la Justicia es Venezuela. Eran México y Venezuela hasta hace poco, pero México ya ha entendido que ETA no está formada por hombres y mujeres angelicales que luchan por la libertad del oprimido pueblo vasco, y se ha colocado abiertamente con España y en contra de ETA, ya no es más un santuario.
Cuando la lucha contra ETA está teniendo resultados admirables desde que se puso punto final a las negociaciones políticas y se apostó por el cerco policial y judicial, y cuando llegan noticias de que importantes etarras se entregan a la Justicia como acaba de ocurrir, no cabe en cabeza humana que no haya firmeza ante Hugo Chávez en una cuestión tan importante y documentada como es su tibieza ante ETA, que incluso podría ser colaboración. La diplomacia no tiene por qué estar reñida con la contundencia.