No lo ocultemos, no hay razón para avergonzarse. En las últimas semanas, todos hemos perdido segundos, minutos u horas viendo en la tele las apasionantes competiciones de curling en los Juegos Olímpicos de Invierno. Sí, no te hagas el tonto. Has desperdiciado instantes de tu vida en contemplar a unos "atletas" lanzando una especie de piedra, mientras sus compis pasaban la escoba para que avanzase de la forma más adecuada. No lo querrás reconocer, como nunca admitirás que ves la también entretenidísima teletienda, pero lo has hecho, y yo también.
Tus razones pueden ser muchas: quizás te sentías atraído por el tono exótico del juego, querías mirar algo que no te hiciese pensar mucho (nada en este caso), o simplemente te apetecía ver suecas/os, que para los autóctonos de este país siempre han tenido un puntito. Para todo esto sirve el curling.
Lo mismo, además te ha gustado como deporte, que para todo hay gente. Y, tal vez, te hayas dado cuenta de que su filosofía no es muy diferente de la de nuestra petanca. Y ahí es ta el quid de la cuestión. Si vivimos en una especie de Siberia hispana y sabemos jugar a la petanca y, quien más quien menos, también barrer, ¿porqué no tenemos un equipo olímpico burgalés en esta disciplina?
Tenemos dos años hasta las próximas olimpiadas para prepararlo todo, tiempo suficiente para reciclar ancianos campeones de petanca y barrenderos profesionales en atletas olímpicos candidatos a todo. El hielo para las pistas de entrenamiento tampoco supondrá un problema y, desde luego, aquí no será por piedras. Si lo conseguimos podremos bajar al bar y, por fin, hablar sin tapujos de lo bien que lo hicieron los nuestros y, de paso, de cómo estaban las suecas.
Salud y alegría