Dentro de escasos días, justo al compás de la Primavera, tendrán los burgaleses la oportunidad de contemplar la eclosión de la obra pictórica de Teresa Peña, hasta ahora desconocida entre nosotros y, a pesar de ello, pintora de altísima calidad estética y religiosa, cuya biografía registra algunas notas de burgalesidad. Buena parte de su vasta obra podrá visitarse en las salas del claustro bajo de la Catedral, en una exposición que llevará el título de «Encuentro en la luz. Muerte y Resurrección» y que permanecerá abierta desde el 15 de marzo al 15 de mayo.
La contradicción entre su notable calidad y su nula notoriedad, en Burgos concretamente, puede deducirse de dos juicios de sendos conocedores de su obra. Al punto de su muerte - en julio de 2002 - M.A. Marrodán escribió: «Teresa Peña es hoy, y así ha sido durante lustros, nuestra más importante desconocida». Por su parte L. Casado Soto, en 2004, la calificaba así: «La artista de temática religiosa, muy probablemente de mayor calidad y emoción entre los pintores españoles de su tiempo».
Pero ¿cuál fue exactamente su tiempo y, sobre todo, quien fue esta Teresa Peña cuya obra deslumbrará a los burgaleses en concurrencia cronológica con la próxima Semana Santa? Teresa Peña nació en Madrid, en 1935, de madre guipuzcoana y de padre conquense. La guerra, en el 36, obligó a su familia a huir de Madrid. Su padre, médico, logró la plaza de Oña donde ejerció la medicina hasta el fin de sus días. De ahí que Teresa pasara en Oña su infancia y adolescencia hasta que su ya decidida vocación de pintora la llevó, en 1953, a Madrid para estudiar en la Academia de Bellas Artes. Logró allí todos los galardones posibles y remató, en 1965, su excepcional carrera alcanzando el Premio Roma. Era la primera mujer que se alzaba con tan preciado reconocimiento.
Tras una vida de incansable actividad artística, de nunca alcanzada incorporación en una comunidad monástica y de entrega ejemplar a todo género de marginados sociales, Teresa pasó los últimos años de su vida, muy fecundos pictóricamente, en el burgalés Valle de Mena. A principios de 2002, en el Hospital General Yagüe de Burgos, le diagnosticaron un tumor cerebral y el 25 de julio del mismo año moría en Entrambasaguas de Mena, en cuyo cementerio reposa.
Con motivo de su ya inmediata exposición podremos contar con no pocos textos sobre ella pero también con escritos suyos, tanto en prosa como en verso, puesto que Teresa fue también una excelente escritora. Otra novedad para Burgos será su Via Crucis ya que nunca hasta ahora había sido expuesto. Se trata de una magnífica obra que, a mi juicio, la consagra como singular interprete de lo cristiano en el arte de nuestro tiempo.
Espero que esta breve presentación suya - aquí, Teresa Peña - sirva para acercar a muchos al mundo ideológico y cromático de esta singular pintora. Espero y deseo que el encuentro con ella sea para todos un «encuentro en la luz».