Ayer comenzó a desbloquearse la ejecución de las obras de construcción del vial que la Junta debe habilitar para dar acceso al polígono industrial de Ircio desde la carretera de Logroño, y que en marzo tuvieron que paralizarse al afectar la nueva infraestructura al importante yacimiento arqueológico de Arce Mirapérez.
Desde entonces, ADE Parques Tecnológicos ha dilatado la contratación de un equipo de arqueólogos para excavar en profundidad los más de 3.800 metros cuadrados de superficie en los que se encuentran parte de los restos de la ciudad romana de Deóbriga. Pero ayer, el equipo de 18 personas de la empresa Ondare Babesa (que ha resultado adjudicataria de la intervención arqueológica) pudo por fin comenzar su labor.
Allí estarán seis semanas con el objetivo de sacar a la luz los numerosos vestigios de las construcciones que existieron en el lugar, estimándose que la ciudad romana pudo tener vigencia entre los siglos I al V después de Cristo. El retraso de la Junta en contratar la excavación ha jugado en contra de los arqueólogos, que ayer tuvieron que eliminar la numerosa vegetación que ha salido en un yacimiento que ha permanecido a la intemperie y sin protección desde que en marzo se hiciese la primera valoración.
No obstante, basta con acercarse a la zona para comprobar que los restos ya visibles son importantes, y se espera que de la prospección se puedan sacar nuevas conclusiones sobre la valía de lo que fue una ciudad de destacadas dimensiones. La zona a excavar, que en cuanto se culmine el trabajo arqueológico será destruida para la construcción del vial, se sitúa en uno de los extremos de un yacimiento arqueológico mucho mayor, del que se calcula que alrededor de 260.000 metros cuadrados corresponden a la ciudad romana.
En ese punto ya hay evidencias (se trata ahora de corroborarlo) de la presencia de más de una veintena de muros y estructuras, de los que en muchos casos se conserva la parte inferior. Incluso, y así se apuntó tras el estudio arqueológico inicial del mes de marzo, aparecen los restos de una construcción de grandes dimensiones, diáfana en su interior y con elementos que hacen pensar que pudo tener una estructura semejante a un patio o pórtico.
Igualmente, la disposición de los restos de los muros ya visibles apuntan a una trama urbana ordenada mediante calles. Unas evidencias que ya quedaron patentes en el mes de marzo con el decapado arqueológico y que están apoyadas igualmente por un estudio de fotografías aéreas y la propia catalogación de la zona como arqueológica. Con todo, el diseño del vial no se varió lo suficiente como para evitar la afección directa a una parte, aunque pequeña, del yacimiento.