La blusa de Los Chaturangas es de cuadros blancos y negros ¿Pura casualidad? En absoluto. La historia de esta cuadrilla, que celebra su 25 aniversario, está vinculada al mundo del ajedrez. Fue fundada en 1985 por un grupo de mirandeses aficionados a este juego que decidieron adoptar el nombre original del ajedrez (de origen indio) a la cuadrilla. Así nacieron Los Chaturangas. La mayoría de sus hijos estudiaban BUP en el colegio Sagrados Corazones y, a partir de ese año, poco a poco se fueron uniendo a la cuadrilla muchos más alumnos del centro.
Llegaron a ser tantos los jóvenes en este grupo que los padres terminaron por dejarles vía libre. «Es que claro, era la época en la que nos tirábamos la comida en el restaurante, y al final eran ellos los que tenían que dar la cara. Así que se fueron yendo», expresa Pablo Piñeira. Fue una época loca. Les llegaron a echar de al menos un restaurante y durante años se tuvieron que marchar fuera de Miranda a comer el domingo de fiestas porque no encontraban sitio en la ciudad. «Un año nos permitieron comer en el claustro de Sagrados Corazones, porque sabían que éramos del colegio, la armamos y ya no pudimos volver», rememora.
la familia crece. Los años han ido pasando y aquellos estudiantes que vivían la fiesta al máximo, ahora ya están casados, tienen hijos y aunque viven San Juan al máximo, lo disfrutan de otra manera. «Este año hasta vamos a tener pancarta para los pequeños porque ya hay 20 niños, y también hacemos cosillas para ellos. Hemos madurado, claro, y ahora se valora mucho el almuerzo y las comidas son mucho mejores». Además, con el fin de compartir tareas, en la cuadrilla existe la costumbre de que la directiva rote cada dos años. «Es que si no siempre pringan los mismos, así que hace unos años se hicieron pequeños grupos y van cambiando; lo bueno es que cada uno ha tenido la oportunidad de ir aportando cosas nuevas y nos va muy bien así», afirma Piñeira.
Con las charangas, admiten que no han tenido muy buenas experiencias. Veían que el lunes en el monte casi bebían más los músicos que ellos y, claro, de tocar nada de nada. Un año incluso hasta se pegaron entre los propios músicos, hubo que separarles, y a partir de entonces decidieron buscar alternativas.
Desde entonces, sólo contratan charanga para el domingo y al monte suben al día siguiente un equipo de música. Y ha sido la revolución, porque «hace dos años nos dieron las diez de la noche allí bailando, pero es que el año pasado hubo gente que bajó pasadas las doce de la noche», recuerda. Vamos, que la fiesta en Los Chaturangas nunca falta.