La jornada se preveía lluviosa y desapacible, pero una vez más el santo movió sus hilos para que los sanjuaneros pudieran empezar con buen pie estos días festivos. El Día del Blusa volvió a convertirse ayer en el mejor aperitivo de las fiestas más populares y esperadas en la ciudad. Alrededor de 600 personas compartieron mesa en una multitudinaria comida que este año, como novedad, se decidió trasladar a un recinto cerrado, el Pabellón del Ebro. Los cofrades, contentos con el cambio porque la temperatura fuera era más bien fresquita, y los cocineros todavía más. «Aquí estamos más tranquilos preparando la comida porque en la calle los quemadores se apagan con el viento y tenemos más problemas», comentaba Félix, de Los Chachis.
Su cuadrilla es siempre la encargada de organizar estas comidas. Y ayer el despliegue fue masivo. Al margen de los seis cocineros que se encargaron de preparar 350 kilos de alubia roja con sus correspondientes sacramentos (en cada plato no faltaba un trozo de chorizo, costilla, morcilla y tocino), otras 25 chachis servían a los comensales cada uno de los platos. Prácticamente todas las cuadrillas estuvieron representadas, aunque algunos comensales se saltaron la "norma" de ir vestidos con la blusa sanjuanera. Un grupo de cuatro jóvenes de Bolivia, Colombia y República Dominicana que habían colaborado con la Cofradía para preparar las mesas se habían dejado la blusa en casa. «El próximo fin de semana sí que nos la pondremos. Llevamos aquí cuatro años y, al igual que el resto, estamos todo el año esperando a que lleguen las fiestas. Se las recomendamos a todo el mundo», manifestaban.
Después del postre, llegó la hora de la copa y el baile, amenizado por las charangas Los Gufis y Los Sanjuanillos. Todo hay que decirlo, costó calentar el ambiente. Entre los que sí que animaron, los Sanjuaneros Jorge Budia y Marta Solórzano, que todavía estaban asumiendo el honor y la responsabilidad de llevar la banda. Ángel y Verónica, los Sanjuaneros de 2008, y Miriam y Ernesto, de 2007, les dieron algún que otro consejo para estos próximos días. «Que aprovechen al máximo, que es una experiencia única», decían.
Tras la final del II Torneo de Tute y Mus entre las cuadrillas, llegó la hora del Festival de la Morcilla. Durante hora y media, 25 grupos de otras tantas cuadrillas devoraron con ansia kilos y kilos de morcilla. Pero, ¿cuál es el truco para poder comer tanto y no morir en el intento? Esther, de La Jarana, aseguraba que lo principal es «que la primera esté bien asada y comer despacio». Después, todo lo demás «casi entra solo, pero no hay que beber mucho». Bernardo, de Los que Faltaban, apuntaba que los mejor era comer a las 12 del mediodía «y llegar aquí con mucha hambre».
Entre los participantes, había de todo. Grupos que directamente como Los Silenciosos aprovechaban el concurso para merendar bien, «que el colesterol lo tenemos alto y no podemos hacer excesos», decía Isidro, mientras que otros, como el Komando Patxarana iban dispuestos a repetir la victoria de año pasado. Cuando llevaban cuatro kilos, algunos ya tuvieron que soltarse el cinto. No podían más.
Al final, el jurado dio la victoria a la cuadrilla La Discordia, que engulló 6,9 kilos de morcilla. El segundo lugar fue para El Cachondeo, con 6,480 kilos, mientras que Komando Patxarana se conformó con el tercer puesto con sus 6,4 kilos.