Miranda huele a hongos, ibéricos, langostinos, bacalao, pollo, dátiles, Pedro Ximenez, albahaca, piña... y a otros muchos productos. Los fogones de una treintena de establecimientos hosteleros de la ciudad están a pleno rendimiento desde ayer, día en el que comenzó una nueva edición de la Semana del Pincho (en su versión de primavera) que se prolongará hasta el domingo 21 de marzo.
Así que por delante, y para los que ayer todavía no cataron ninguna de las especialidades, hay nueve jornadas para degustar una media de tres pinchos al día. La oferta no desmerece, y aunque hay seis bares participantes menos que en la última edición, los cocineros se han esmerado en ofrecer originales propuestas no sólo para atraer a los clientes, sino en busca de uno de los tres premios que la Cámara de Comercio entregará el día 22.
Ayer ya se notó un importante movimiento en la ciudad, y desafiando al frío, los mirandeses comenzaron a hacer sus rutas. No obstante, uno de los retos de la Cámara de Comercio es lograr que esta cita, ya muy asentada en el calendario, sea capaz de atraer a más visitantes de otras localidades como una oportunidad de que conozcan la gastronomía local.
En los bares había expectación. La hostelería no se escapa tampoco de la crisis y muchos ven en esta semana más que una oportunidad para implementar el negocio, una cita para mantener la actividad en la calle y en los bares. «Hay que animar un poco la hostelería, que está un poco floja, por eso esta semana por ejemplo no descansamos ningún día para poder atender la demanda. El premio está ahí, pero lo fundamental es adaptarte a tu local y hacer algo que sobre todo guste a la gente, y hasta ahora siempre hemos acertado y la gente ha respondido», explica Eduardo, desde el Edison, que no ha fallado en ninguna de las ediciones y atesora algún premio.
El Mesón Jabugo, abierto hace pocos meses, es nuevo en el concurso, y para ellos es una oportunidad de que nuevos clientes se acerquen al establecimiento: «Hay que hacer cosas diferentes y dar a la gente motivos para salir a la calle, y esta es una muy buena razón, que la gente conozca el establecimiento, el tipo de cocina que hacemos... y si se puede ganar, pues mejor», dice Gustavo.
Una semana de intensa actividad, que obliga a doblar esfuerzos a los hosteleros que en general se muestran contentos con la iniciativa. «Es una buena actividad, no sólo para la hostelería, sino también para la ciudad, porque se genera ambiente y hay consumo, estamos en un momento complicado y la situación es mala para todos, pero la gente seguro que responde bien como otras veces», confía Juan, del Cayo Coco.
Para ello intentan darle una vuelta al pincho, «buscando algo original y hacer alguna cosa que no se haga durante el año, una cosa un poco especial; el objetivo final es que el pincho guste, que venga gente, y que se conozca el local», explican en La Menta.
Además, para convencer a los clientes, se han mantenido los precios: 2 euros el pincho con mosto, corto o cosechero y 2,50 con vino de crianza.