El grupo está compuesto por Leonor Watling, Óscar Ybarra y Alejandro Pelayo (derecha).
La conversación por teléfono discurre fluida, de manera natural. Atípica para una banda que está en plena campaña de promoción del disco. Acaban de terminar de una entrevista con Jesús Quintero. Alejandro Pelayo se disculpa por los cinco minutos de retraso: «Ya sabes, con todas esas pausas...», justifica.
¿Life in the treehouse es una reconquista de los territorios infantiles?
Sí. También es como un espacio al que subirte cuando quieres desconectar y mirar las cosas bajo otra perspectiva, con distancia. Cada uno decide qué le interesa cuando se sube a una casa en un árbol, si prefiere jugar o fumar un cigarrillo lejos de la ciudad, del ruido y de la prisa; lo que se necesite pero con un componente lúdico muy alto.
Su primer single, The long fall, habla de todo eso, de la felicidad más elemental; la de las travesuras, los juegos sencillos, alegría despreocupada...
Habla de no tener prisa por crecer y medrar; de relajarse y dejarse caer y disfrutar de la caída.
Este disco es más melódico, más sencillo que los trabajos anteriores. ¿Ha sido algo premeditado o ha surgido así?
Nos llevan ahí las canciones. Es mucho más vitalista y más alegre por lo que nos ha pasado y porque nos apetecía abrir la ventana y que entrara la luz. Las canciones son más sencillas, son canciones pop muy fáciles de estructura y a armonía. Nos ha costado encontrar esa sencillez. Estamos muy contentos de tener una gira donde tocarlas.
¿Han encontrado un nuevo sendero por el que se va a encaminar Marlango?
No lo sé. Sí hay puertas abiertas: no sé si continuaremos por algunos de esos caminos, pero sí que necesitábamos como descansar de nosotros mismos y tomarnos las cosas con un poco más de humor.
Varios componentes del grupo han sido padres en el último año. ¿Hubieran podido componer antes The answer, sobre la que han comentado que ‘las preguntas grandes y pequeñas se responden solas cuando miras tu bebé durmiendo’?
Este disco no hubiera podido ser antes. Ha habido ocho bebés en Marlango en un año; ha sido una epidemia que nos ha envuelto a todos en pañales y en juguetes. Se reflejado en las canciones porque los bebés nos obligan a jugar otra vez, aunque de entrada no te apetezca. Y luego no quieres dejarlo y te preguntas por qué has estado tantos años sin tirarte en el suelo para jugar a los coches con una caja de cerillas.
Incluyen una nana bastante especial (Let the sky fall).
No podíamos dejar pasar la oportunidad de tener un momento íntimo para nosotros.
¿Cantáis en inglés a vuestros hijos?
Sí. El mío, menos cuando escucha alemán, francés o algo que no le mola, tiene incorporados el español y el inglés.
¿Por qué definen Thank someone tonight como la canción más compleja del disco?
Por mucho que uno quiera quitarse los abrigos y las bufandas es una canción que viene de lejos. No porque la compusiéramos hace mucho, sino porque los tres discos anteriores están en la canción.
‘Escribir canciones es como sacar Polaroid con las que se atrapa una sensación, un instante...’ ¿Puede ser una frase de Marlango?
Sí, es prácticamente el trabajo de un coleccionista. Somos artesanos que tenemos un espacio para escribir canciones. Lo hacemos cuando queremos recordar algo. Y la forma de recordarlo puede ser hacer una foto o escribir una canción para que luego, siempre que quieras, puedas volver a esa sensación y al momento que no quieres dejar pasar,.
Tocan en Miranda esta tarde, imagino que hasta el contacto con el público no están seguros del recorrido que puede tener una determinada canción.
Lo que hace que las cosas estén vivas es la gente. Hemos ensayado los seis músicos en un local y bueno, pues vale, está bien... pero es el público el que provoca que la canción se ponga loca o se sienta intimidada y se esconda.
La sala es relativamente pequeña, ¿están en esos escenarios más a gusto?
Nos gusta tocar en un sitio así y a los dos días en otro para 3.000 personas y después en un teatro y luego al aire libre; ir cambiando porque eso también le da a las canciones otra vida. Y no tener que definirnos; no somos un grupo de jazz, pero nos invitan a los festivales de jazz y nos sentimos como el invitado extraño.
Si sufriera una amnesia con cuál de sus canciones le gustaría recuperar la memoria?
A día de hoy con Take me; la canción que cierra el disco, que es la más divertida que hemos escrito nunca.
¿Por el componente lúdico?
Por la cosa de juego y de homenaje sutil a los Beatles, que nos fascinan, y por la parte de baile. En un principio era claramente un descarte hasta que la escucharon nuestros bebés y se pusieron todos a bailar y a correr y pensamos ‘es la única con la que triunfamos’... (risas).
Es buena prueba de fuego...
Claro, claro. Hay otras canciones que a mí me gustan, que me parecen una obra de arte, pero se la pongo a mi hijo y a los veinte segundos me dice: ‘Papá, no; otra’. Le pongo Ob-La-Di, Ob-La-Da treinta veces y grita ‘Bravo’ y baila y aplaude. Te da una pista de que la música tiene que servir a todos.
¿Qué tiene de malo y de bueno que la vocalista de Marlango sea una actriz reconocida?
De bueno que tenemos una repercusión mediática más potente que un grupo en el que todos son anónimos. Es muy halagador que interese tanto lo que haces. No sé cual es la parte mala porque no hubo Marlango con una cantante desconocida; por decirte algo, que cada 50 kilómetros hay que parar porque Leonor tiene que ir al baño (risas).
¿Ha superado Leonor el miedo a volar?
Está en ello pero sigue siendo una experiencia ir a un aeropuerto con ella. Hay que hacer un protocolo tres horas antes; uff... es una cosa tremenda. No será porque no cojamos aviones al cabo del año, pero... Esos miedos no se superan tan fácilmente.
¿Cómo viven en el grupo la elección del representante español para Eurovisión?
Eso es una cosa de la tele. Tiene bastante poco que ver con lo musical desde el momento en que se establece un concurso para ver qué canción es mejor que otra. Las canciones no son mejores que otras; depende de lo que necesites en cada momento. No hay mejor canción en el mundo para Nochevieja que una de Rafaela Carra. La verdad es que no sigo nada estas cosas.
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