Un placer único. La combinación de vino y chocolate, aunque inusual, gusta y despierta todos nuestros sentidos. Y si no que se lo preguntan a los más de veinte mirandeses que ayer asistieron en la asociación de Amas de Casa a una cata inédita, divertida, muy apetecible, y que estuvo dirigida por Cristina Alonso, directora de Rutas del Vino, y Alberto Bornachea, conocido pastelero de la ciudad.
Maridaje significa combinar elementos de manera que mejoren y se complementen. Y de eso se trataba, de mirar, oler, degustar y después opinar. Cuatro chocolates con distintas cantidades de cacao se enfrentaban al duro reto de buscar pareja; es decir, tratar de combinar con otros tantos caldos. Una dura empresa que, sin embargo, agradó a un público entregado y participativo.
Esta doble ración de placer comenzó de forma suave, con unas onzas de chocolate con leche. Pero éstas no se degustaban sin más. Había que catarlas como si de un vino se tratara; es decir, por fases. Tras mirarlas, se olían y después se probaban. «Hay que morder un trozito y dejarlo en la lengua para que se funda», recomendaban. Todos repetían. Riquísimo. «¿Y con qué vino combina mejor?», preguntaban. Según los expertos, con un caldo semidulce (en este caso se complementó con un Rueda) y un Pedro Ximénez, perfecto para postres. Un vino dulce que levantó pasiones entre buena parte de los asistentes.
El chocolate, poco a poco, fue haciéndose cada vez más amargo, llegando al 70% de cacao (el mejor y más sabroso, según Bornachea) e incluso al 100%, el cual desprendía un sabor sumamente desagradable. Todos ellos fueron degustados con un crianza de la Ribera del Duero y un reserva de Rioja.
Llegar a una conclusión fue complicado, dependía de gustos. Unos defendían que el Ribera reñía con el amargor del chocolate, mientras que otros abogaban por combinar el chocolate negro con cualquier tinto. No obstante, lo importante, según Cristina Alonso, es que «el chocolate no sea más fuerte que el vino». Habrá que probar para opinar. Juzguen ustedes.