No todos los cursos de cata son iguales. El que impartió ayer esta experta en vinos pretendía ante todo aportar unos principios básicos para adentrarse de forma entretenida y divertida en el mundo de la enología.
Partiendo de cero, tiene que ser complicado aprender a catar un vino.
Es difícil distinguir los aromas, aunque no es lo más importante. Lo principal es describir cómo es el vino en la boca, las sensaciones que te produce, pero usando una terminología técnica; es decir, explicar si tiene estructura o no. Y esto también es complicado de entender.
¿Y esto se puede asimilar en una sola clase?
En dos horas no podemos hacer a nadie experto en vino. Sólo queremos que la gente aprenda a distinguir el caldo que le gusta y el que no le gusta. Intentamos que la gente pierda el miedo a hablar de vino, aprenda lo que significan los términos y sepa de lo que está hablando.
¿Cuesta entonces distinguir los sabores?
Sólo hay cuatro sabores en el vino, todo el resto que distinguimos son olores. Todo esto se aprende catando muchos vinos, y no sólo bebiéndolos. A la gente que viene a los cursos les decimos que, a partir de ahora, cada vez que beban un vino lo vean con otros ojos y prueben muchos, que es muy importante.
¿Hay que poner los cinco sentidos para catar un vino?
Yo creo que con la vista, el gusto y el olfato es suficiente, aunque el tacto también está presente, con la sensación que te deja el vino en la lengua, ya que hay vinos que raspan y otros más finos. Parecerá curioso, pero hay catadores muy buenos que son ciegos. Tienen los otros sentidos muy desarrollados.
Con unas pequeñas nociones, ¿podremos llegar a un restaurante y pedir un vino sabiendo de lo que hablamos?
Eso es lo que buscamos. Queremos que la gente cuando mire la carta pueda elegir lo que le más le guste y hablar con un sumiller en cierto términos.
¿Tenemos miedo a opinar en público acerca del vino?
Hay mucho miedo. Hay gente a la que preguntas si le gusta cierto vino y te dice que no entiende, pero solamente le estás preguntando si le gusta o no. Otros piensan que para qué van a decir algo, si van a quedar mal y van a decir de ellos que no tienen ni idea. Hay que quitar el miedo a opinar. La gente teme no distinguir lo que no le gusta con lo que no es bueno. Y ante eso, hay que decir que puede haber cosas que estén bien hechas, y no te tienen por qué gustar. Otra cosa que llama la atención es que hay miedo a reconocer que un vino no está bueno.
¿Y cómo determinamos si un vino no está bueno?
El vino nos entra por el olfato, así que lo primero es que no huela bien. También está la vista, si lo vemos turbio ya no da buena impresión. Pero si un vino huele mal, ya algo falla.
¿Y después?
Si pruebas un vino que supuestamente tiene que ser largo y con estructura, y te sabe como a agua, dirás que este vino o es muy malo o no está bueno. Para decir que una cosa está mala, tendrás que saber cómo está buena y saber un poco de vinos.
En España, los vinos del norte y los del sur son muy distintos, ¿no es así?
Ahora se intentan hacer vinos más comerciales y que le gusten a todo el mundo. El vino tinto, que es quizás más del norte, tiene más prestigio que el blanco o el rosado. Se está homogeneizando, pero tendría que ser distinto porque el clima del norte es más frío que el del sur y la comida también es distinta, más contundente. Si estás en Andalucía y hace mucho calor, no te vas a tomar un tinto de Reserva en una terraza, sino un blanco fresquito. Más que el norte o el sur, el vino se tiene que adecuar a cada momento.
Miranda es tierra de Rioja, ¿qué características tiene este vino?
El Rioja es un vino de mucha calidad y muy amable, quizás de los más fáciles de beber de España. En Miranda lo identificamos más con Crianzas y Reservas, que son elegantes, largos y finos.
Y en su opinión, ¿cuál es el mejor?
El mejor es el que más apetece en cada momento, y depende con quien lo compartas.
Se suele decir que el vino tinto casa con la carne y el blanco con el pescado ¿Se cumple siempre?
Eso es una base importante a tener en cuenta, pero a la gente le gusta experimentar.
Y con la pasta, ¿qué recomienda?
A mí me gusta mucho con rosado. Al final, un truco para hacer maridaje es fijarse en los colores. Si se trata de una comida de color rojo y oscuro, elegimos vino tinto y, si es de color claro, con vino blanco. Así no te sueles equivocar. Por ejemplo, si hacemos una pasta boloñesa con salsa de tomate y carne, le irá mejor un tinto, y si se trata de pasta carbonara, que es con nata líquida, beberemos vino blanco.