D e chavales andábamos por aquí como las cabras. Nos metíamos en la cueva de la Virgen, y también en de los Moros. Había que entrar a gatas», recordaba ayer con un tono cargado de añoranza Julio Zabaleta. Aunque este mirandés nacido en Bilbao es uno de los asiduos del cerro de La Picota, Zabaleta fue una de las escasas personas que aprovecharon la jornada inaugural de las visitas a la fortaleza con guía programadas por el Ayuntamiento. Sólo cuatro curiosos se adhirieron a la iniciativa que se prolongará hasta el siete de diciembre (excepto sábados y festivos) en horarios de mañana y tarde -de 10 a 11 horas y de 16 a 17 horas- para conocer in situ los últimos hallazgos de los arqueólogos.
A pesar del poco éxito de convocatoria, a Julio Zabaleta, un apasionado por la Historia que ya colaboró en la localización de la necrópolis de Cabriana, el recorrido no le decepcionó: «Para un primer contacto está bien, pero lo que hace falta ahora es que se invierta dinero para seguir con las excavaciones», reclamaba.
Tampoco Javier Zubizarreta dejó pasar la oportunidad de conocer de primera mano cuáles han sido los resultados de la labor de los especialistas antes de que vuelvan a cubrirlo todo con tierra y acudió a la cita «en busca de inspiración» para sus trabajos de heráldica. A su juicio, la constatación de la existencia del castillo en el cerro mirandés contribuirá a «darle entidad a la ciudad».
Las actividades para que los ciudadanos visiten la fortificación se inician en el salón de plenos del Consistorio, donde Carlos Díez hace un repaso histórico de la construcción. Luego, guía y acompañantes, recorren las ruinas.