La mañana de ayer será difícil de olvidar para los padres y madres de los 15 niños que como cada día pasaban su jornada en la escuela infantil Mis Amiguitos. Un aviso de bomba en el cuartel de la Guardia Civil de Villarcayo, ubicado justo enfrente, obligó a sus responsables, Cristina y Elena, a desalojar el centro, a las doce y media, por orden de los agentes de los Benemérita. Por suerte, apenas dos horas después la calle Doctor Albiñana ya comenzaba a recobrar la normalidad y todo había quedado en una «falsa alarma», como confirmaron a DB desde la Subdelegación del Gobierno en Burgos.
Desde un principio, la Guardia Civil barajó como principal hipótesis que el aviso careciera de entidad, pero aún así se activó todo el dispositivo habitual en estos casos y se dio aviso a técnicos especialistas en desactivación de artefactos explosivos, los conocidos como TEDAX. Según pudieron comprobar las responsables de la guardería, su llegada a Villarcayo fue «muy rápida». Sus perros rastrearon los pocos vehículos del entorno y las calles cercanas, además del propio cuartel.
Poco antes de la llegada de los tedax, Cristina y Elena se habían puesto manos a la obra para abrigar a los niños. Como primera solución se los llevaron a un portal cercano de la calle Doctor Isidoro Ortiz, donde esperar a sus progenitores. Allí se resguardaron de la nieve y el frío durante un rato hasta que amablemente una vecina se prestó a facilitarles la entrada en una lonja de su propiedad acondicionada como txoko en la misma calle Doctor Isidoro Ortiz. Allí ya tenían calefacción y los padres fueron llegando poco a poco a recogerlos.
A las dos de la tarde todavía algunos recogían a los pequeños. Fue para ellos, sin duda, un día diferente y para los padres, un tanto sobresaltado. Las chicas de la guardería recordaban como una madre se había dejado las lentejas en el fuego y había salido corriendo a por su criatura sin pensar ni en el puchero.
Muchos vecinos se encontraron con la calle cerrada al tráfico y sin posibilidad de volver a sus casas, salvo en casos excepcionales como el de un hombre que precisaba medicación. Cuando todo había pasado, nos despedimos de Cristina, quien abrió la guardería Mis Amiguitos en 2002: «Es la primera vez que nos pasa y esperemos que sea la última».