Arqueólogos y espeleológos son seres extraordinariamente pacientes. Como el santo Job, tantas veces castigado por Dios pero por fin vencedor gracias a esa virtud, tan serena y perseverante postura acaba dando, algunas veces, su fruto. El extraordinario hallazgo del brazalete de oro así lo acredita. Era un día más, tal vez un día cualquiera. En la Cueva del Silo de Atapuerca, una de las zonas de la sierra burgalesa más degradada, se encontraban varios geólogos, palinólogos, espeleólogos y una topógrafa realizando estudios geomorfológicos en su interior cuando algo llamó poderosamente la atención de dos de ellos.
Como recuerda Ana Isabel Ortega, debajo del caos de bloques existente en una de las zonas, «al iluminar un hueco con el frontal eléctrico, algo brillaba al fondo, y brillaba mucho, tanto como la moneda de oro musulmana que había salido el día anterior en la excavación del Portalón». Los dos espeleólogos, tal y como afirma la investigadora de Edelweiss «se miraron, sabían lo que era pero no lo creían, no podía ser cierto pero brillaba mucho y estaba ahí al lado, debajo del bloque calizo, aunque parecía inalcanzable debido a lo estrecho del lugar».
De mano en mano, ante las antónitas miradas de los presentes, fue pasando el brazalete de oro, intacto, casi como renovado, con el mismo fulgor de hace 3.000 años. «Nadie esperaba encontrar un hallazgo así, a pesar de estar ante unos yacimientos tan generosos; nadie imaginaba que la Cueva del Silo, hasta hoy una cavidad con escasas evidencias arqueológicas, destrozada y machacada por las numerosas visitas, pudiera representar un lugar especial para las culturas pasadas».
Los diferentes hallazgos del pasado en karst de Atapuerca, asevera Ortega en su artículo de la revista Cubía, que verá la luz este mismo mes de enero, «deberían hacernos reflexionar sobre lo que representaban las cavidades para los pobladores de la Prehistoria, para quienes de algún modo fueron sagradas, lugares de culto de unas gentes que desaparecieron hace mucho tiempo, perdiéndose con ellos una forma de entender la ocupación del mundo subterráneo».