El debate sobre la energía eléctrica ha saltado al primer plano de la actualidad por diversos asuntos. La OPA de E.On a Endesa, por un lado, y los rumores sobre un incremento importante en el recibo de la luz, por otro, han puesto de manifiesto las repercusiones que tiene cualquier tema que afecte a la electricidad. Desde su posición de presidente de Red Eléctrica Española (la empresa que transporta la energía eléctrica), el burgalés Luis Atienza analiza el momento que vive el sector.
Lleva dos años y medio como presidente de Red Eléctrica Española (REE). ¿Ha cambiado mucho Luis Atienza en este tiempo?
Creo que no. He aprendido con el ejercicio de la responsabilidad y ahora sé más de cosas que antes apenas conocía, como la relación con los fondos de inversión internacionales, algo importante en una empresa que tiene el 70 por ciento de su capital en bolsa en manos de gestores profesionales de inversiones y que yo desconocía. Ahora conozco la empresa mucho mejor que antes, pero no he tenido que corregir ninguno de mis juicios iniciales. No me he encontrado sorpresas ni me he tenido que arrepentir de ninguna decisión tomada de forma precipitada o por desconocimiento.
¿Cómo ha evolucionado la empresa en este periodo?
De manera muy positiva, con una trayectoria sólida bastante previsible y alejada de cualquier bandazo. Al mismo tiempo ha sido muy satisfactorio desde el punto de vista del funcionamiento del sistema eléctrico en su conjunto, del crecimiento de la empresa y del interés de los accionistas. A esta satisfacción en los tres ámbitos hay que sumar que el sistema eléctrico es ahora bastante más robusto que hace 30 meses y tiene más holgura en cuanto a capacidad de generación. Desde el punto de vista de la inversión, el avance también ha sido espectacular, ya que hemos pasado de los algo más de 200 millones que se invertían a los 500 que se invierten ahora. En cuanto a capitalización bursátil, cuando entré, la empresa valía en bolsa unos 1.800 millones y ahora vale 4.800.Los accionistas han visto como el valor de su acción aumentaban más de un 150%.
¿Qué porcentaje de ese éxito que describe se debe a la gestión del presidente?
Atribuir a la gestión del presidente el éxito de una empresa que cuenta con 1.400 trabajadores sería extraordinariamente pretencioso. Es el resultado de un equipo y de que quizás la empresa ha sabido desprenderse de una actividad que le daba pérdidas, como era la de telecomunicaciones, para centrarse en su negocio principal y el que mejor conoce, que es el de ser transportista y operador del sistema eléctrico.
Lo que sí ha cambiado mucho en este periodo ha sido el propio sector eléctrico, con la OPA de Endesa y el blindaje de las constructoras a las eléctricas. ¿Por qué es tan sensible este sector?
Porque la seguridad de suministro es el elemento fundamental para estabilizar la vida de una sociedad. Esto es aún mayor en el ámbito de la electricidad porque, como es una energía que no se puede almacenar, la capacidad de reacción es muy limitada y necesita garantizar en todo momento que tiene oferta suficiente para atender la oferta máxima que se pueda plantear. Aquí no hay stocks. Somos una sociedad cada vez más electrodependiente, tanto en el hogar como en la empresa. Antes, la actividad industrial consumía más fuel, gasóleo o carbón y ahora consume electricidad. A ello se añade que somos un país muy dependiente desde el punto de vista energético y por todo ello, la garantía de suministro es un elemento muy importante en el debate sobre nuestras empresas eléctricas. ¿Eso se debe mezclar con el debate sobre su nacionalidad? La experiencia en el ámbito internacional dice que no es irrelevante que las empresas energéticas sean filiales o sean matrices Pero también es cierto que en el ámbito europeo estamos acostumbrados a la libre circulación de capitales.
¿Y cómo se compaginan estas dos cuestiones?
Con tensiones, con muchas dificultades y con discusiones como las que hemos vivido.
Ha comentado que somos una sociedad cada vez más electrificada y, por eso, el recibo de la luz tiene cada vez más importancia. El rumor de una subida casi provoca hace poco un cataclismo. ¿Hay razones para temer un crecimiento importante en la factura?
La realidad es que los costes de generación de electricidad han aumentado porque ha aumentado el coste del gas, del carbón y del petróleo. Pensar que nuestra tarifa de la luz va a permanecer al margen de este crecimiento de los costes es hacerse trampas en el solitario. Alguien tiene que pagar la diferencia. Si los precios no recogen los costes será porque se subvencionan, y lo pagarán los contribuyentes, o porque se aplazan, con lo que lo pagarán los consumidores del futuro. Los ciudadanos aceptamos aceptablemente bien que la gasolina casi duplique su precio en pocos años, pero nos cuesta asumir que el recibo de la luz suba un 8 o un 10 por ciento.
¿Cree entonces que debe subir el precio?
No me corresponde a mí decirle al Gobierno cómo tiene que gestionar el problema de una tarifa regulada, pero como experto económico creo que la tendencia tiene que ser que los consumidores paguen sus costes y no se los traspase a los consumidores futuros como ocurre ahora. Estamos hablando de un servicio que es básico para la sociedad, pero que cada vez le representa menos en la cesta de la compra, ya que supone entre 1 y 1,2 euros al día. La subida planteada supone, como máximo, cuatro céntimos diarios, una cantidad que muchos no recogen cuando hacen la compra en las vueltas. Lo que si habría que plantear es una tarifa social para aquellos colectivos más desfavorecidos, como los pensionistas con menos recursos, por ejemplo.
¿Esa creciente electrificación puede acarrear problemas en el suministro?
Este país tuvo problemas de suministro en 2001 porque no había generación suficiente. Después han venido entrando en funcionamiento varias centrales de ciclo combinado y aunque la demanda ha crecido ha estado ajustada a la oferta. Ahora empieza a recuperar una cierta holgura, mayor en la medida en que ha llovido y los pantanos tienen más agua. Esto es muy importante, porque nosotros tenemos 16.000 megavatios de potencia hidroeléctrica, pero esos nos pueden aportar 14.000 en momentos muy húmedos y 6.000 en época de sequía. Desde el punto de vista de la red de transporte también comienza a notarse lo invertido. El mayor problema es que nuestra estructura es cada vez más dependiente del gas natural y hay que estar atentos al futuro. Ahora, más del 30 por ciento de generación de electricidad depende del gas natural y si nuestro sistema de aprovisionamiento de ese combustible no es lo suficientemente robusto, está en juego nuestro suministro eléctrico.
¿Cuál es la solución para no depender tanto del gas natural?
Esa es una decisión de política energética. La sociedad, a través de sus representantes, es quien debe decidir cómo quiere arbitrar entre los tres objetivos: el coste, la seguridad de suministro y el impacto medioambiental. No hay una única respuesta y lo mejor es diversificar. Es necesario un debate social para decidir qué cesta de energía queremos tener a medio y largo plazo. Red Eléctrica, al menos, quiere tener el máximo de opciones. Debiéramos reflexionar hasta qué punto queremos tener al gas natural como única energía que nos garantice la potencia. Porque la eólica es muy importante, aporta ya casi tanto como la hidroeléctrica, pero no es gestionable porque no aporta garantía. El viento no sopla cuando queremos y pese a que tenemos 11.000 megavatios instalados, un día nos pueden aportar 8.000 y otro sólo 400.
¿Dónde están hoy en día los mayores problemas de la red?
Madrid es el sitio de España en el que hay más desequilibrio entre generación y demanda. Eso hace que necesitemos una red de transporte más dimensionada para llevar flujos más grandes de electricidad. No provoca problemas de suministro, pero no queremos construir más redes de las necesarias. No queremos convertir España en una malla de autos de choque y por eso somos partidarios de acercar la generación al consumo. Entre hacer una planta de ciclo combinado en Andalucía para llevar la energía a Madrid y construir esa misma planta en Madrid preferimos la segunda opción. Además, tenemos un problema muy grande en Gerona.
¿Qué pasa allí?
Tiene una posición geográfica complicada. Por un lado le rodea la costa y por otro la frontera con Francia. Lo mejor para que no se vea afectado el suministro es que la energía eléctrica pueda llegar por diferentes líneas. En Gerona no puede ocurrir esto, por lo que estamos planteando una interconexión con Francia que resuelve dos pájaros de un tiro. Conecta el sistema eléctrico español con el europeo y aumenta nuestra capacidad para incorporar energía eólica, porque podemos utilizar el sistema europeo como colchón de la variabilidad eólica.Además, es imprescindible para el AVE.
¿Y la creciente urbanización de la costa no provoca problemas?
Sí, por un doble motivo. En primer lugar por el aumento del consumo eléctrico y, en segundo lugar, porque se está urbanizando toda la costa en continuidad y con una franja cada vez más ancha. Así es casi imposible encontrar un pasillo donde instalar las nuevas líneas. Este terminará siendo un problema de entidad porque nadie reivindica las redes eléctricas. La gente pide nuevas carreteras, nuevas líneas férreas, aeropuertos... porque son usuarios y ven que son necesarias. Sin embargo, se relaciona con la electricidad a través de un enchufe y no ven lo que hay detrás. Todos queremos garantías en el suministro, pero nadie quiere infraestructuras. Y es curioso, porque estamos acostumbrados a perder la cobertura en el móvil, pero no aceptamos ni un minuto de interrupción en el fluido eléctrico.
Pero este no es un problema exclusivamente nuestro.
No, lo tienen también en Estados Unidos, Reino Unido y Francia. La diferencia es que nuestra demanda eléctrica está creciendo a ritmos muy superiores a la de esos países. En Reino Unido, por ejemplo, la demanda de electricidad en los últimos quince años ha crecido menos del 1% anual. En nuestro caso ha aumentado entre el 4 y 5%, pero además, la demanda máxima instantánea, para la que hay que dimensionar las infraestructuras, ha crecido entre el 6 y el 7%. Estamos en una fase en la que necesitamos desarrollar nuestra infraestructura básica porque, desde el punto de vista eléctrico, nos estamos comportando como un país emergente más que como un país maduro.
Siempre que hay un anuncio de subida en el recibo o de problemas en el suministro se reabre el debate de la energía nuclear, pero nunca se cierra.
Esa es una decisión política y debe expresar voluntades sociales. Por eso es imprescindible un debate lo más abierto posible. No hay que rehuir el debate nuclear. Un país que ha terminado el 2005 con un 85 por ciento de dependencia energética debe recurrir a todas las energías que le den seguridad, incluida la nuclear. Salvo en Francia, donde hay consenso, en el resto de Europa hay un amplio nivel de rechazo que puede moderarse en la medida en la que se sigan disparando los precios de los combustibles y la seguridad del suministro se vea afectada.
En algunos foros acusan a Red Eléctrica Española de no defender la energía eólica o, por lo menos, de no hacerlo con el mismo ahínco que algunas comunidades autónomas.
Solo Dinamarca y Alemania tienen un nivel de penetración de la energía eólica similar a España. Lo que pasa es que Dinamarca tiene una interconexión con sus vecinos que llega al 50% de su demanda máxima. Por eso no se preocupa si el viento no sopla. Alemania tiene un nivel de interconexión del 12 %. El problema es que nuestra interconexión no llega al 3%. La variabilidad de la eólica nos la chupamos nosotros solos y, a pesar de todo, Red Eléctrica ha desarrollado toda su estrategia para permitirle al Gobierno revisar al alza sus objetivos en materia eólica. Cuando yo llegué, el objetivo del Gobierno era de 13.000 megavatios de eólica y desde esta casa se desaconsejaba llegar a esa cifra. Hoy tenemos instalados 11.000, el objetivo son 20.000 y queremos potenciarlo. Pero para eso hay que hacer algunos deberes. En primer lugar, la tecnología de los aerogeneradores debe adaptarse para soportar los huecos de tensión. Ahora, los aerogeneradores se desconectan con cualquier perturbación de la red. Si se desconecta un número importante de molinos y no lo podemos suplir con la interconexión con otros países, el apagón está garantizado. Y eso no se lo inventa Red Eléctrica. Hemos vivido desconexiones simultáneas de 1.300 megavatios de energía eólica. Otra solución que planteamos para aumentar nuestra capacidad eólica es crear un gran centro de control en el que todos los parques eólicos estén interconectados. Lo que pasa es que los planes de las comunidades autónomas son casi de 40.000 megavatios. Eso no cabe en el sistema eléctrico actual.
El nivel de interconexión no llega al 3%. ¿Cuál sería el porcentaje factible a medio plazo?
El deseable es el 10%, pero con la nueva línea de interconexión con Francia solo llegaríamos al cinco.
Como burgalés de Trespaderne ha convivido con la central deGaroña. ¿Cuál es su opinión sobre su posible cierre?
Eso está ahora en el ámbito del Consejo de Seguridad Nuclear. Creo que hay que mantener las máximas garantías de seguridad, pero si se cumplen, la decisión de cerrarla o mantenerla abierta la tiene que tomar el Gobierno. Como operador, cuanto más margen tenga, mejor.