Rabia (léase sin poner el acento en la primera a), que significa Jardín en árabe, tiene un mes de vida. Duerme plácidamente en brazos de Jadiya, mientras su madre prepara el té para los invitados, sentada en el suelo. Oumoutha maneja la tetera y los vasos con habilidad, abstraída de todo el ajetreo que se forma a su alrededor. El característico olor a hierbabuena va impregnando el local poco a poco, pero sin pasar desapercibido, como la lucha del pueblo saharaui por su libertad.
Rabia podrá celebrar esa victoria. Se lo deseó ayer el alcalde, Javier Lacalle, durante la inauguración de la sede de la Asociación Burgalesa Amigos del Pueblo Saharaui en un local de la calle Infantas (barrio de Parralillos), cedido por la Junta de Castilla y León. El Ayuntamiento y otras entidades, así como muchos de los 220 miembros del colectivo, han colaborado en su puesta a punto. Fernando Velar, su presidente, espera que pronto puedan verlo convertido en consulado de un país libre.
No es casual que el centro de la fiesta sean 3 mujeres. Tal y como recordó Velar, su papel ha sido decisivo en el día a día de los campamentos, mientras los varones eran reclamados en la lucha, y la igualdad de sexos reflejada en su constitución.
Ayer la fiesta se nubló por la preocupación del secuestro de 3 cooperantes en Rabuni, el centro administrativo de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD),que estaba en boca de todos, puesto que la mayoría conoce la zona. Incluso los políticos, como el diputado provincial Jorge Mínguez, que ha viajado a los campamentos en territorio argelino varias veces.
Lacalle subrayó la asignatura pendiente de España con el pueblo saharaui y pidió ese referéndum que desde hace tiempo esperan; mientras Fernando Velar subrayaba que la oleada democrática que recorre el Mediterráneo árabe comenzó hace 5 años en el Sáhara Occidental. Utilizará la sede para tratar de sensibilizar a los burgaleses sobre el problema saharaui. «Sabemos que en el mundo hay muchos dramas, pero este que a nosotros nos concierne es además una deuda histórica», resumió.
En la actualidad, la asociación busca 12.000 euros para comprar un camión y donarlo, por supuesto lleno de mercancía solidaria, a los campamentos. Ya no permanece en Burgos ninguno de los niños que vino a pasar el verano con familias de acogida, si bien en años anteriores se prolongó alguna estancia concreta por motivos sanitarios o educativos.