Diario de Burgos
Saltar Publicidad   Cerrar   

Publicidad

sábado, 25 de octubre de 2014
Local
120 noticias de 120 años

Los trenes de la muerte

Rodrigo Pérez Barredo/ Burgos - domingo, 23 de enero de 2011

Un Diario de Burgos recién nacido realizó un importante despliegue informativo para contar el terrible accidente ferroviario registrado en Quintanilleja que se saldó con 15 muertos y 28 heridos

Pedro Jaca vio una pequeña luz al fondo de la noche y se removió incómodo. Era un maquinista avezado, así que supo con rapidez que aquel foco luminoso que temblaba a lo lejos como un fuego fatuo no tenía que estar allí. En pocos segundos sintió con horror que su presentimiento era acertado. Que ese haz luminoso era una pesadilla real: otro tren brillando en la oscuridad, un convoy que avanzaba como el rayo devorando la llanura castellana, las calderas ardiendo en una carrera vertiginosa, todo el vapor arriba... El conductor del tren mixto que cubría la ruta Madrid-Burgos no perdió los nervios. Con temple de acero hizo sonar repetidamente la alarma a la vez que accionaba los frenos de su locomotora. Los pitidos alertaron a los pasajeros, algunos de los cuales alcanzaron a conocer con pavor el motivo de los mismos, circunstancia que a muchos acabó salvando la vida.

En la misma vía, en dirección contraria, los pasajeros del expreso de Irún dormitaban. La mayor parte del pasaje lo integraban aristócratas, burgueses, artistas y turistas extranjeros que sólo unas pocas horas antes habían abandonado las terapéuticas playas cantábricas para iniciar el viaje de regreso a sus labores. Eran las once y media de la noche del 23 de septiembre de 1891, en las inmediaciones de la estación de Quintanilleja. Para cuando el maquinista del expreso se apercibió de la dramática situación ya era demasiado tarde. Por su parte, Pedro Jaca había conseguido detener su ferrocarril, facilitando a los pasajeros su huida, y aunque supo que el brutal choque sería irremediable se aferró a la palanca de la contramarcha: quiso intentar en la medida de sus fuerzas y posibilidades que el impacto fuera el menor posible; atenuar el infierno que se avecinaba. Cierto es que pudo saltar y salvarse. Seguro que tan humana intención se le pasó por la cabeza. No lo hizo. Pedro Jaca recibió la colisión del expreso en su puesto de mando, aferrado con tesón a la palanca de la contramarcha.

Fue tan violento el golpe, fue un estallido de metal tan aterrador que se oyó en muchos kilómetros a la redonda. El expreso de Irún impactó con furia, lo que provocó que sus vagones se montaran sobre los del tren mixto y se desperdigaran, trazando un caos caótico. Ambas locomotoras quedaron hechas un amasijo de hierros, fundidas casi una en la otra. Los segundos que siguieron al impacto fueron de silencio. El cuadro posterior fue espeluznante. Por fortuna, los primeros vagones del mixto iban cargados con ganado de lidia: los mugidos de las reses moribundas solapaban los alaridos de dolor, auxilio y agonía de los heridos, todos pasajeros del expreso de Irún. A pesar de la falta de luz y de la virulencia del topetazo, los ilesos se organizaron bien para atender a los heridos, a los que consiguieron liberar de las trampas de hierro a la vez que se sobreponían al horror de la visión de los cadáveres mutilados y calcinados, de los ríos de sangre y el olor a carne quemada.

Algunos de los pasajeros que resultaron ilesos padecieron un shock que los mantuvo inmóviles. Pudo ser el caso de María Saint-Aubin y Bonnefon, la esposa del ex ministro José Canalejas. El matrimonio, que viajaba en el expreso, salvó la vida gracias a ella, que tuvo un extraño presentimiento en la estación de Miranda de Ebro, donde rogó a su esposo que cambiaran sus asientos en el primer vagón por otros en el último. Hubo quienes, a pesar de encontrarse levemente heridos, caso de la hija de los marqueses de Castro-Serna, se desvivió prestando ayuda a todos cuantos reclamaban auxilios y cuidados.

El accidente fue calificado de catástrofe y tragedia nacional. El saldo no era para menos: quince muertos y una treintena de heridos de diversa gravedad. Entre la nómina de fallecidos había nombres ilustres: Celestino de los Ríos y Córdoba, magistrado de la Audiencia de Vitoria; Manuel Martínez , apoderado de los duques de Medina-Sidonia, su esposa y la hija de estos; la niña pequeña del marqués de Camarines; el ex director del periódico El Guipuzcoano, Lorenzo Leal; el vicecónsul de Inglaterra en Málaga, Maurice Clar y Long o el también súbdito británico William Cotton, amén del heroico maquinista Pedro Jaca, entre otros.

Burgos, una ciudad de apenas 30.000 habitantes, vivió con conmoción la tragedia. El alcalde, Emilio Luis, decretó el luto oficial y se organizaron exequias solemnes en la iglesia de San Lesmes a la vez que se abrían suscripciones populares para los familiares de las víctimas. El siniestro alcanzó rango nacional, hasta el punto de que la reina regente, María Cristina, acudió con sus hijos Alfonso, futuro monarca, María de las Mercedes y María Teresa a visitar a los heridos y a asistir a una misa de Réquiem en la catedral el 13 de octubre.

El proceso. El largo proceso judicial sobre el accidente de Quintanilleja llegó a su fin el 25 de mayo de 1894. En el juicio, rodeado de expectación, se condenó a Claudio Misiego a un año y cuatro meses de cárcel por haber dado salida al expreso cuando había hecho lo propio con el mixto; Eudaldo Pujó fue condenado a seis meses de prisión por cambiar los telegramas. La compañía ferroviaria fue declarada responsable civil subsidiaria al no poder los condenados hacer frente a las multas. En el haber de la Compañía del Ferrocarril del Norte, sobre la que pesó siempre la acusación de no tener personal preparado ni los medios técnicos idóneos, su decisión de seguir abonando a su viuda e hijos la nómina del héroe durante los años que a éste le restaban de trabajo. Aunque parezca increíble, Pedro Jaca no murió en el acto. Un testigo presencial afirmó haberle visto balbucear unas palabras antes de expirar. Y que después sonreía.

Onda Cero en Directo
El Diario de Burgos de siempre, ahora en tu dispositivo Android. Lee �El Diario de Burgos�, ahora en tu iPad. Diario de burgos en Kiosko Promecal
Pulsa aquí para conectarte.
Si aún no estas registrado pincha aquí
Grupo Promecal
Se recomienda una resolución de pantalla de 1024x768 y las últimas versiones de los navegadores.
Diario de Burgos digital se basa en el Sistema de Gestión de Contenido desarrollado por Ceres Comunicación Gráfica