Diario de Burgos
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Entrevista / Juan Vicente Herrera • Presidente de la Junta de Castilla y León

«La declaración de Atapuerca fue vital para remover conciencias»

R.B./B.D./ Burgos - domingo, 28 de noviembre de 2010
Unidos. La declaración de los yacimientos como Patrimonio de la Humanidad llegó poco antes que el desembarco de Herrera en la Presidencia de la Junta. Diez años en los que ha vivido muy de cerca el desarrollo exponencial de Atapuerca

Una hora larga de conversación y el presidente desgrana uno a uno los proyectos de Atapuerca impulsados por la Junta en la última década. Disecciona cada actuación con la precisión de un bisturí. Sabe de lo que habla.

El martes se cumplen 10 años de la declaración de los yacimientos como Patrimonio de la Humanidad. ¿Recuerda como vivió ese momento?

Esa fecha está muy asociada a mi percepción, a mi implicación y a mi afecto al hecho Atapuerca. En aquel momento había un sentimiento ciudadano en Burgos que iba acariciando el desarrollo de un proyecto ambicioso, que es el que se está completando a lo largo de estos años. Aquello fue un aldabonazo, una culminación. Cuando ahora hacemos balance vemos el protagonismo y la participación de personas importantes, a los que hay que reconocer y agradecer su trabajo. Como consecuencia de la declaración de patrimonio mundial y con la puesta en marcha, que he reconocido publicamente, por parte del alcalde Olivares de una idea de socializar, de aprovechar para Burgos desde la unidad de esfuerzos todo lo que Atapuerca significa, se ha generado un sentimiento que ha prendido como muy pocas cosas antes en el colectivo de los burgaleses.

¿A qué les obligó aquella declaración como administración titular de los yacimientos?

Desde que la Junta asumió las competencias de Atapuerca, junto con el resto del patrimonio cultural de la región en 1984, todos los años y con una tendencia creciente se han destinado recursos a financiar la labor de los investigadores y a crear las instalaciones necesarias, desde el vallado, las cubiertas, los miradores, la cueva de Compresor o el parque arqueológico, entre otras. Estamos hablando de una cesta que tiene mimbres muy significativos pero los más importantes son los yacimientos y la labor de los científicos e investigadores, partiendo de un primer interés que también hay que reconocer desde el punto de vista espeleológico. Hay grupos como Edelweiss, al que se le debe mucho, y ya posteriormente unos estudios iniciales de Emiliano Aguirre que culminan con la conformación de un equipo donde los tres capitanes que sobresalen han sido los grandes protagonistas de esto.

¿Podría evaluar la inversión que ha ejecutado el Gobierno regional tanto en los yacimientos como en los proyectos asociados al enclave en estos 10 años?

Se han hecho muchas cosas que han determinado una acción de goteo. En los yacimientos, y sin tener en cuenta los centros de recepción de visitantes de Ibeas y de Atapuerca ahora en construcción, estamos hablando de más de 12 millones de euros de inversión desde 1984. Esto ha venido en paralelo con una presencia cada vez más numerosa de visitantes al propio yacimiento. En esa serie histórica, desde 1990, tenemos datados casi 900.000 visitantes.

De todas las actuaciones que se han desarrollado, ¿cuáles han sido las más significativas?

Siempre ha habido una preocupación que, por ejemplo, desde el punto de vista administrativo llevó en 1991 a la primera declaración de protección, como Bien de Interés Cultural. Tras los descubrimientos del año 94, que es la campaña que permite identificar y datar al Homo Antecesor, en 1998 se pone en marcha el expediente de la declaración por la Unesco. Y aunque ha habido desde 1984 una labor continuada de la administración para poner en valor ese enclave, ese aldabonazo del año 2000 significa que esta administración y este gobierno toman conciencia de la extraordinaria importancia que desde el punto de vista cultural y científico tiene el yacimiento, su proyección a nivel mundial y la oportunidad de aprovechar todo lo que Atapuerca representa.

¿Qué hubiera sido de Atapuerca sin ese reconocimiento?

Los reconocimientos oficiales vienen a formalizar, a dar proyección, a incorporar en el ámbito internacional a lo que ya eran unos yacimientos reconocidos y claves en el estudio de la evolución de la especie humana. Esa declaración significó la constatación por la entidad más importante desde el punto de vista cultural y cientifico a nivel mundial, la Unesco, de los valores que el yacimiento en sí tiene. La declaración fue vital para remover conciencias, para fortalecer desde el orgullo el sentimiento de los burgaleses en torno a un bien que la historia ha depositado en nuestra tierra y que tiene un gran potencial. Las administraciones, espoleadas por ese sentimiento y por la iniciativa de los codirectores cuyo papel nunca me cansaré de subrayar, se vieron en la necesidad de impulsar ese sistema de equipamientos que al final se han podido realizar a base de un continuado y significativo esfuerzo inversor. Seguramente, si no hubiera habido la declaración, esas infraestructuras se hubieran retrasado.

¿Hizo más fuertes a los codirectores a la hora de sentarse a "negociar" y exigir a la Junta?

Les dio más razones. Desde mi experiencia la relación con los codirectores ha sido siempre fácil, de entendimiento y de inteligencia; además, es una recomendación que he hecho a todos los responsables que desde 2001, año que asumo la presidencia, han tenido relación directa con ellos. La administración debe dar respuestas pero no debe pretender tener todas las respuestas. La administración no puede desconocer el protagonismo, el liderazgo y la capacidad cientifica, investigadora y divulgativa de los codirectores. Ellos han sido, son y tienen que seguir siendo una pieza fundamental en un proyecto que requiere liderazgos. Por tanto, desde el momento que nos embarcarnos en ese ambicioso proyecto de equipamientos en el solar de Caballería, los sucesivos responsables de la administración han demostrado finura, inteligencia y voluntad. Se planteó un gran museo que constituyera un despliegue arquitectónico, expositivo y tecnológico y fuera la cabecera divulgativa de los yacimientos; asociado todo ello a un gran centro de investigación de referencia nacional e internacional que solo se podía desarrollar sobre la base del acuerdo con el Gobierno de la Nación.

También se han producido algunas tensiones.

Porque la administración no tiene la visión que pueden tener los codirectores, los científicos que al final son los que han desarrollado el corazón y la base del proyecto. El museo es espléndido y desde el punto de vista de los desarrollos que nos hemos planteado se constituye en una pieza clave.

¿El MEH es un motor de desarrollo económico y turístico más allá del plano provincial?

Sí. Tras cuatro meses de funcionamiento ya comienza a valorarse la influencia que ha tenido en los datos de turismo y de actividad económica. A la administración le corresponde la dimensión de lo posible y con relación al sistema Atapuerca el tiempo nos va dando a todos la razón de que era un proyecto posible y realista. Es verdad que lo hemos desarrollado en unos tiempos en los que las finanzas públicas nos lo han permitido; ahora tendríamos mayores dificultades. Pero en esto ha habido también mucho de utopia y hemos demostrado que las utopias se pueden conseguir. He visto una predisposición al trabajo conjunto que incluso se ha manifestado en el propio MEH. En un determinado momento y de acuerdo con el propio Ayuntamiento de Burgos, la Junta asumió como propio el desarrollo del proyecto, la financiación y la gestión como museo de carácter regional. Y consideré que ese proyecto no se podía desarrollar a espaldas o a remolque de los codirectores. Había que implicarles. Era un proyecto divulgativo pero también científico; tenía que estar informado.

¿Cuál será el papel del recién constituido Comité Científico del MEH?

Este es un proyecto que se va a enriquecer, que seguirá creciendo. El museo continuará siendo el gran escaparate del desarrollo de la labor de excavación y de investigación. Ese comité, que evidentemente tendrá que acompasar sus propuestas a las posibilidades de recursos públicos disponibles, irá marcando las pautas de un proyecto expositivo y divulgador. En Atapuerca hay labor para varias generaciones de científicos.

¿La Junta no tuvo ninguna duda sobre el proyecto arquitectónico elegido?

La que no tuvo ninguna duda fue la ciudad. La ciudad propuso y había que optar. Yo he considerado durante todos estos años legítimo ese debate, incluso he tenido y tengo mi propia opinión al respecto, aunque me parece artificial e innecesario expresarla. Lo que sí digo es que la solución es óptima, sorprendente y la mejor porque es una realidad. Cuando se rompe esa barrera, que es la realización de la obra, del desconocimiento, el proyecto de Navarro Baldeweg adquiere un sentido, una dimensión, una profundidad. Se relaciona con el conjunto de la ciudad, con el otro símbolo patrimonio de la humanidad, como es la Catedral. En el MEH todo el mundo ha destacado el valor de la arquitectura, que ha sorprendido conforme se ha ido conociendo el edificio. En Burgos nos cuesta romper y hasta que no se rompió la barrera del conocimiento del espacio interior, había opiniones e incluso se prolongaban debates que nos llevaban a la melancolía de lo que pudo haber sido y no fue. Afortunadamente se empezó a construir porque si hubieramos mantenido la tensión de si era mejor el proyecto de un arquitecto o de otro no se hubiera hecho nada. Y en este momento no se hubiera podido iniciar una obra tan ambiciosa.

Y siendo deslumbrante la solución arquitectónica, lo que le da al MEH un sello de único en el mundo son esas dos salas, que algunos han llamado ya el santa sanctorum, donde se dan cita esos restos originales de homínidos de entre 800.000 y 1,2 millones de años de antigüedad, que es algo deslumbrante.

¿Qué estrategias deben ahora adoptarse para "vender" esa infraestructura cultural más allá de lo cercano y prolongar el interés de los turistas, de modo que el MEH no se estanque?

La idea de evolución humana conmueve y cada vez tiene más interés. Mucho antes de la inauguración del museo hemos llevado, de la mano de los codirectores, el hecho de Atapuerca como símbolo, como emblema del patrimonio arqueopalentologico de la región a Nueva York, París, Londres... ha sido la estrella de Shanghai, va a ir a Méjico, ha estado en Madrid, estuvo en la Expo de Sevilla. El desenvolvimiento del museo, en lo que está siendo una afortunada labor de promoción, lo veo claro. No creo que eso se vaya a detener; el desarrollo interno está muy asociado a algo que es fundamental y está asegurado y garantizado, que es la excavación y la investigación, que retroalimentará al museo. Todos los años vamos a tener resultados y eso se plasmará en las revistas especializadas que tienen una gran proyección e interesan. No debemos olvidar tampoco el CENIEH, que es un elemento clave, la prolongación durante los 365 días del año de la labor de excavación, que se limita a un mes o a dos meses en los yacimientos. Es un centro que va estar generando conocimiento científico durante todo el año y que además debe enlazarse con otro eslabón fundamental que es vincular cada vez más la Universidad a esta especialización concreta. Además, el museo ha nacido ya con una carga muy intensiva de innovación tecnológica. Eso nos permitirá potenciar ese aspecto de interactividad, de curiosidad y de participación del visitante. En el MEH, que cuenta con austero y eficaz equipo, con Javier Vicente al frente, estamos muy satisfechos del buen trabajo de los jóvenes guías seleccionados en colaboración con la UBU.

¿Manejan ya encuestas sobre el impacto que ha tenido el MEH?

Hay estudios pero más que las encuestas lo que me importa es lo que me dice la gente, los hosteleros, los economistas. Hay un cambio. Este es un proyecto interiorizado y sentido como ningún otro en la reciente historia de la ciudad. Era una ambición colectiva y por tanto una de las patas de sustento es que los gestores del centro sin demérito del principal objetivo que es exponer y divulgar los hallazgos, sean imaginativos, lo abran y los burgaleses lo utilicemos. El museo debe estar abierto a la realidad, a las necesidades y a la dinamización de la sociedad burgalesa. Es un museo vivo en el que no podemos limitarnos con recrear la evolución porque la evolución continúa. Es un elemento clave para el aprovechamiento de todo el potencial de Burgos. Atapuerca y el MEH vienen a conformar en Burgos un territorio cultural y patrimonial absolutamente privilegiado, al que se unen la Catedral y el Camino de Santiago.

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