Tanto tiempo que ha durado su crianza, tantos meses metido en los corrales, y resulta que antes de salir al ruedo este toro ya tiene detractores que le están silbando desde el tendido. La Ordenanza Municipal de Circulación, Movilidad y Transporte todavía no ha entrado en la fase de presentación de alegaciones y ya han surgido contra ella voces críticas contra su aplicación.
Y encima el punto más polémico es todo lo que hace referencia a la bicicleta. Este modo de transporte alternativo había sido durante los últimos años la "niña bonita" del Ayuntamiento, que ha fomentado su uso a base de importantes inversiones como el sistema de préstamo automatizado, la construcción de carriles bici o la colocación de aparcamientos para velocípedos. Debido en parte a los méritos municipales, el empleo de la bici ha crecido de forma exponencial en la vida cotidiana y no solo como un elemento deportivo o de recreo. Pero resulta que ahora se limita su empleo en el corazón de la ciudad.
Atendiendo a la actual redacción de la propuesta de ordenanza, viajar sobre dos ruedas quedará prohibido en las calles peatonalizadas del centro histórico, lo que equivale a dejarla sin utilidad para realizar gestiones ante la administración, para acudir a trabajar al casco antiguo o para atravesar esa zona en las rutas que así lo requieran. Únicamente podrán circular las bicicletas por aceras, andenes, zonas peatonales y paseos «cuando esté establecido un uso compartido» o si en ellos existen «itinerarios marcados», siempre dentro de la banda señalizada y con una limitación de velocidad de 10 kilómetros por hora. ¿Por qué a esa velocidad si los coches pueden hacerlo a 20 por hora? ¿Por qué solo por las rutas señalizadas si los vehículos pueden moverse con libertad siempre que dispongan de tarjeta para bajar los bolardos? Y sobre todo, ¿quién, cuándo y cómo se decidirá el pintado de esos supuestos «itinerarios» o la declaración de «uso compartido»?
La lectura de la Ordenanza actual no resuelve estas dudas, y por ello a buen seguro que sobre ella recaerá un buen número de alegaciones cuando, en los próximos días, salga a información pública y esté disponible en la página web consistorial una vez que se incluya su anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia.
Consciente de las voces críticas que empiezan a surgir en la ciudad, el concejal de Movilidad, Esteban Rebollo, hace «un llamamiento a la tranquilidad» y promete «ser flexibles» tanto en la redacción definitiva de la norma una vez recogidas las alegaciones como en su aplicación final. El edil subraya que «el texto está abierto a sugerencias» y admite que «sería absurdo ir contra la bicicleta después de promocionarla desde la administración, aunque recalca que «en cualquier caso, nuestra norma tiene que estar dentro de lo que la Ley actual permite».
La semana pasada, el propio concejal de Movilidad participó en Murcia en una reunión de la Red de Ciudades Por la Bicicleta que concluyó con el compromiso de elaborar un decálogo para su promoción que todos los partidos incorporarían a sus programas de cara a las elecciones de mayo.
El concejal niega la prohibición total en zonas peatonales, pues insiste en que antes de que entre en vigor la ordenanza se pintarán itinerarios ciclistas y pone como ejemplo el Paseo del Espolón, donde previsiblemente se podrá circular por la franja más próxima al río, precisamente por donde ahora pasa el tren turístico. Pero Rebollo recuerda que según la Ley de Seguridad Vial «las aceras están reservadas a los peatones» y que solo en determinados casos se abrirá a un «uso compartido».
los ciclistas. Mientras el Ayuntamiento observa las crecientes críticas, Burgos Con Bici, que agrupa a 500 miembros, está siendo una de las asociaciones más activas contra la todavía recién nacida ordenanza y de hecho tiene ya preparado y enviado a la Concejalía de Movilidad un escrito de cuatro folios en el que detallan su opinión.
Luis Palacios, presidente del colectivo, admite que «el preámbulo de la ordenanza está lleno de buenas palabras e intenciones». Pero a la hora de la verdad, el texto normativo «bloquea y rompe una tendencia creciente en el uso de la bicicleta que se había conseguido en los últimos años», destaca el secretario, Pedro Mediavilla. Su impresión general es que la norma procede de «un corta-pega de otros textos que acaba generando confusión» e invita al ciudadano «o bien a volver a circular en coche o a infringir constantemente las normas».
Palacios se muestra comprensivo con la necesidad de proteger al peatón «en zonas puntuales en las que los ciclistas incívicos hacen mucho daño a la imagen del colectivo», pero claman contra restricciones que no entienden como la prohibición de circular por zonas peatonales o las limitaciones de velocidad más duras que las de los vehículos a motor. «La única posibilidad que vemos para que esto se racionalice es que la interpretación sea flexible, pero eso tampoco tiene sentido, lo que deben hacer es aclarar la norma».
Para el colectivo ciclista hay un artículo especialmente doloroso: el número 37, cuando habla del sistema de control de accesos al centro histórico, menciona expresamente que «se pretende reducir la circulación de vehículos a motor, motocicletas, ciclomotores y bicicletas (...) siendo su objetivo preservar las zonas monumentales (...) garantizando la seguridad de los residentes y visitantes y mejorar la oferta turística, comercial y cultural».
En definitiva, la asociación reconoce que «la ordenanza supone una apuesta por una ciudad más amable» pero remata: «Lástima que sea a base de enfrentar a peatones con ciclistas».
¿Dónde aparcar? Otra de las cuestiones polémicas de la ordenanza hace referencia a los lugares que contempla como permitidos para el aparcamiento de bicicletas. En su artículo 49 dice que los ciclistas «utilizarán, de existir en las proximidades, los elementos habilitados para su aparcamiento».
Cabría debate sobre qué significa exactamente el concepto de proximidad, pero es que además el artículo 113 recoge que «queda prohibido de forma general el uso del mobiliario urbano con el fin de inmovilizar una bicicleta» aunque matiza que, en el caso de que los aparca bicis «no existieran en la cercanía del punto de destino del ciclista, o se encontraran todas las plazas ocupadas, podrán estacionarse en otros lugares o elementos siempre y cuando (...) se garantice que no se dañan los mismos con el sistema de amarre o anclaje y no se interfiera la circulación de peatones y otros vehículos».
Sin embargo, en el apartado de infracciones, el propio texto normativo recoge multas de hasta 100 euros (200 en caso de reincidentes) para quien anclara una bici a «elementos de mobiliario urbano» como farolas, bancos, vallas o postes, y no introduce ningún matiz.
Ojo, peatón incauto
La norma local también obliga a cruzar correctamente por los pasos de cebra, un comportamiento que evitaría la mitad de los atropellos
La nueva ordenanza municipal no solo regula el uso de las bicicletas, sino todas las cuestiones relacionadas con la movilidad en el ámbito urbano. Y, por supuesto, uno de los elementos que queda sometido al texto legal son los peatones. Para ellos también establecen normas, y una de ellas hace referencia expresa a la prohibición de cruzar la calzada «por lugares distintos de los señalizados». Es decir, los caminantes solo podrán atravesar el asfalto por los pasos indicados al efecto «y, si no hubiera ninguno cercano, por los extremos de las esquinas, perpenticularmente a la calzada».
Y ojo con hacer lo contrario. La normativa estatal ya amparaba la posibilidad de poner sanciones a quien cruzara fuera de los pasos de cebra, pero ahora la local la refuerza. Así que a partir de ahora todos tendremos que ser más cuidadosos con estos comportamientos, que hasta ahora no habían sido motivo de multas.
El Intendente de la Policía Local, Fernando Sedano, reconoce que «por el momento a los peatones no los estamos multando y nos limitamos a una simple labor de información y prevención en aquellos puntos que consideramos más conflictivos». Según la estadística policial, en los 9 primeros meses del año se produjeron en las calles de Burgos un total de 88 atropellos, la mayor parte de carácter leve. La evolución de estos datos hasta la actualidad, y teniendo en cuenta lo que resta de año, permite deducir que se superarán ampliamente el centenar.
La cifra supone apenas el 4,9 por ciento del total de accidentes en los que interviene la Policía Local, y hay que tener en cuenta que la mitad se produce como consecuencia de la imprudencia de los conductores y mientras el peatón está cruzando adecuadamente, por lo que el otro 50% sería responsabilidad de quienes no atraviesan la calzada por donde es debido: niños inconscientes, personas mayores con movilidad limitada, el clásico despistado que va hablando por el móvil o incluso madres o padres con carritos de bebé que lo lanzan a la calzada unos metros antes que ellos.
En cualquier caso, Fernando Sedano apunta que «es complicado poner en marcha una campaña global de concienciación hasta que no dispongamos de un mapa de atropellos que nos indique los puntos más problemáticos».
Cualquier conductor que se mueva por Burgos sabe que algunas de las vías más conflictivas en cuanto a peatones imprudentes que cruzan de forma indiscriminada son la calle Vitoria, la Avenida de Cantabria, la Avenida de Castilla y León o la Avenida del Cid, pero el Intendente de la Policía Local matiza estas impresiones: «la calle Vitoria tiene el mayor número de siniestros, claro, pero también es la más larga con 4 kilómetros y un enorme flujo de personas hacia ambos lados que hay que tener en cuenta a la hora de interpretar la estadística».