El verano está provocando en Burgos un cambio de tendencia en la evolución de la siniestralidad vial. Hasta junio, 15 personas murieron víctimas de accidentes de tráfico tanto en carreteras como trayectos urbanos. Solo en dos meses, en julio y agosto, se ha superado esa cifra, ya que con las víctimas mortales del pasado martes en la AP-1 -a la altura de Grisaleña- suman 16. Y esto significa que el número se ha duplicado respecto al del verano pasado, cuando murieron solo 8. Entre los fallecidos de estos meses de julio y agosto están incluidos el niño que fue arrollado por un tractor en Tórtoles de Esgueva y el hombre de Santa Cruz de la Salceda que fue aplastado por su furgoneta cuando intentaba arrancarla.
En julio murieron siete personas en otros tantos siniestros en la provincia. En agosto hubo menos accidentes mortales pero más trágicos, ya que en solo cuatro han muerto nueve personas. El más espectacular fue el que se produjo en la N-I el pasado 18 de agosto, en Quintanapalla, donde perdieron la vida cuatro portugueses miembros de una misma familia al chocar de frente el coche en que viajaban contra un camión.
En agosto, salvo el accidente en que murió un vecino de Puentedura -encontrado a los 9 días de haberse precipitado su coche por un barranco en la BU-904- todos los accidentes han tenido lugar o en la N-I o en la AP-1 y en todos los casos se han cobrado la vida de dos o más personas. En julio fue diferente. Tres de los accidentes mortales se produjeron en vías principales (A-1 y AP-1), mientras el resto tuvieron lugar en carreteras secundarias.
La cifra de muertes entre las operaciones salida y regreso de verano presenta una tendencia errática en los últimos años en la provincia de Burgos. En 2008, por ejemplo, se llegó al número de 21 fallecidos. Pero el año anterior, en 2007, solo hubo que lamentar 6. En 2006 fueron 12 y en 2005, 15, contando en todos los casos las muertes por atropello y ocurridos en tramos urbanos.
Este repunte de los accidentes en Burgos contrasta con el descenso que se ha producido en España, si bien Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados (AEA), pone en cuarentena las cifras del Gobierno, «ya que año tras año se van eliminando de las estadísticas varios tipos de muertes, como las ocurridas en las ciudades o las que ocurren 24 horas después del siniestro».
Entre los motivos del aumento que esgrime AEA hay uno que está relacionado directamente con la crisis económica y es la escasa inversión que han realizado las familias en el mantenimiento de los coches. «Muchos conductores circulan con ruedas con muy poco dibujo o con vehículos que no han pasado la revisión anual, y esto añade un riesgo extra a la conducción», asegura. Otra de las causas tiene que ver con la climatología, que ha «destrozado buena parte de los firmes de las carreteras». Al frío y la humedad del invierno le ha sobrevenido el calor del verano, «lo que ha afectado en especial a las carreteras secundarias».
Pero Arnaldo hace hincapié sobre todo en el efecto negativo de las escasas inversiones en infraestructuras. Para empezar, critica que todavía no se haya desdoblado la N-I. «Solo con esta obra desaparecerían todos los muertos en colisiones frontales, que son las más graves», indica.
El recorte que ha anunciado el Ministerio de Fomento también influirá en una reducción de la seguridad vial, no solo «porque deja en el aire la construcción de autovías sino porque retrasa o anula obras de mantenimiento de las carreteras secundarias, donde se producen numerosas víctimas mortales», añade. Las inversiones en mejorar las carreteras «no pueden reducirse en un momento en que hay un mayor número de vehículos y por tanto un mayor peligro de colisión».
Tampoco entiende Arnaldo la contradicción en la que caen el Ministerio de Fomento y el de Interior a la hora de catalogar un punto negro. El primero lo denomina tramo de concentración de accidentes y lo define como aquel en que durante cinco años el índice de accidentes es superior a la media del resto de la vía. Interior califica de punto negro aquel tramo de 100 metros donde en el último año se han producido dos o más siniestros. «Deberían ponerse de acuerdo a fin de señalizar de forma adecuada esos puntos y sobre todo actuar de forma que dejen de ser lugares de riesgo para los automovilistas», explica.
El 40% de los accidentes mortales se producen tras una salida de vía. Pues bien, Arnaldo no entiende cómo el Gobierno no invierte más en la colocación de sistemas de contención tanto en autovías como en autopistas. En Burgos, el caso de la AP-1 es sintomático. El último siniestro mortal se produjo después de que el conductor de un turismo se distrajera, saltara la mediana y cayera al otro lado de la vía.
Si los sistemas de contención que hay «no son eficaces» deberían cambiarse y si no los hay «deberían instalarse». Arnaldo es consciente de que las salidas de vía son consecuencia de distracciones o excesos de velocidad, pero la labor de los gobernantes «es la de intentar reducir los efectos de los errores humanos». «Se producirán los mismos accidentes pero hay que intentar que la cifra de muertes baje con más y mejores inversiones», afirma.