Íñigo, Jorge, Iván y Jack François son algunos de los niños que durante una semana han participado en el Campus de Fútbol de Ubierna y que a media mañama animan el ambiente de la piscina de la Merindad de Río Ubierna.
Después de una mañana de entrenamiento a pleno sol, es hora de refrescarse. Junto a ellos comparten la mañana otros diez usuarios. Esta situación cambia los fines de semana, cuando la piscina presenta un aspecto inmejorable. Son muchos los que desde Burgos se animan a trasladarse a esta zona, tanto por su atractivo paisajístico como por su proximidad a la capital.
Pero no todos se animan a darse un chapuzón. Muchos se echan atrás por las bajas temperaturas del agua. Para ellos hay otras actividades dentro de las propias instalaciones: una mesa de ping-pong, un bar donde tomar un tentempié o una zona verde donde tomar el sol o echar una partida de cartas.
Roberto Robles es el entrenador de este grupo de chicos y se encarga de vigilarlos sin animarse a darse un baño. A esas horas es poco probable que alguno de los chicos se pierda, ya que no hay mucha gente en las instalaciones.
La mayor parte de los usuarios es gente foránea. Mientras que para ellos la entrada es de dos euros, en el caso de los ciudadanos de la zona el importe se reduce a la mitad.
Dos veces al día se hacen mediciones sobre los niveles de cloro, que se encuentran un poco bajos en este caso, y de PH. Lo habitual es que estos controles se efectúen a primera y a última hora. Las instalaciones cuentan con socorrista, duchas en los tramos por los que se accede a los vasos y con carteles informativos. Durante estos dos meses los técnicos de la Junta visitarán las instalaciones para revisar que se cumple con las normas higiénico-sanitarias.
Las piscinas permanecerán abiertas durante los meses de julio y agosto. En lo que va de verano el tiempo ha acompañado, lo que ha hecho que la gente se haya animado a pasar el día en ellas.
Durante estos dos meses los técnicos de la Junta visitarán las instalaciones para revisar que se cumplen las normas. «Hay veranos que les terminas por conocer después de tres visitas, otros años, en cambio, ni aparecen», afirma Álvaro, socorrista de las piscinas.